Desde hace algunos años, y ahora más en medio del confinamiento, los videojuegos han sido una importante herramienta de entretenimiento para niños y adultos, que han visto en ellos la oportunidad de pasar ratos agradables ganando un campeonato mundial, salvando al mundo de amenazas cósmicas, protagonizando una historia de fantasía o sobreviviendo al apocalipsis zombie desde la comodidad de casa; justamente uno de los aspectos fundamentales para su posicionamiento, ya que brindan a los padres seguridad acerca de dónde y qué están haciendo sus hijos.
Sin embargo, se ha dicho también que son generadores de violencia, que producen adicción, problemas visuales y de espalda y que ocasionan sedentarismo y aislamiento social.
En años recientes, las universidades de Oxford, en Inglaterra, y de Iowa, en Estados Unidos, han realizado diferentes estudios a partir de los cuales identificaron varios aspectos positivos de los videojuegos. En los niños, por ejemplo, estimulan la concentración, favorecen la adquisición de nuevas habilidades, desarrollan el razonamiento espacial instintivo, mejoran los reflejos, estimulan la motricidad gruesa y fina y la coordinación mano-ojo, potencian el razonamiento lógico y la comprensión lectora y mejoran las habilidades sociales.
En los adultos, por su parte, ejercitan la concentración, la memoria, la lógica y los reflejos, estimulan las habilidades motoras y visuales, previenen el envejecimiento cerebral y liberan endorfinas, que ayudan en la liberación del estrés.
Además de su enfoque lúdico, se utilizan también en otro tipo de escenarios como: terapias para combatir diferentes enfermedades, fobias o condiciones especiales, como el autismo; rehabilitación para lesiones o disminución de las capacidades físicas o cerebrales; y estrategias piloto para detectar y seleccionar posibles talentos en empresas, entre otros.
Asimismo, a partir, especialmente, de la salida al mercado de la consola Wii de Nintendo, han tenido una labor fundamental en la generación de espacios para unir presencial y virtualmente a la familia y a los amigos, ya que los juegos colaborativos, los multijugador y los juegos en línea han enriquecido las posibilidades de interacción.
Los videojuegos tienen un considerable número de efectos positivos, aunque, como la mayoría de tecnologías, requieren de normas, controles y parámetros de uso para obtener mayores ventajas, sobre todo en niños y jóvenes. En ese sentido, es vital que los padres comprendan que los videojuegos son instrumentos de entretenimiento controlado y no simples mecanismos para tener a los menores ocupados.
En primer lugar, es necesario conocer los diferentes tipos de juegos con el fin de ofrecer a los niños juegos acordes con sus necesidades y características, más convenientes y enriquecedores y que puedan apoyar su desarrollo o disminuir sus dificultades en áreas específicas.
Asimismo, es importante revisar su contenido, que normalmente está categorizado de forma similar a las películas, con calificaciones que van desde juegos para todos, hasta aquellos que son para mayores de 18 años debido a escenas explícitas de violencia, sexo o al uso de lenguaje inapropiado.
Finalmente, es igualmente importante controlar el tiempo y las circunstancias dedicados a su uso, de forma que no interrumpa ni reemplace otras actividades como el ejercicio, los deberes o las tareas del hogar y mucho menos, la adecuada y positiva interacción familiar, que es el mayor y más importante generador de bienestar y de crecimiento emocional, social y personal en los pequeños.




