“Qui enim habet, dabitur ei, et abundabit; Qui antem non habet, et quod habet, auferetur ab eo”. Que traduce: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado” (Mateo 13:12). Este efecto inicialmente entendido para el ámbito económico, es utilizado también para desglosar ciertos procesos de valoración como la confianza y el prestigio social, muy arraigados en la ciencia y en la academia.
Haciendo referencia a la ciencia, el efecto Mateo fue interpretado por Robert Merton (1968) para esclarecer porque se le dan créditos a una sola persona en una publicación científica, aunque hubieran participado otros más. Mario Bunge (2002) asocia el fenómeno con valores de prestigio y aduce que algo que diga un reconocido investigador, independientemente de la calidad, se toma como una expresión genial. Ambos autores coinciden en que este efecto ayuda a la estratificación social de las comunidades científicas. Discriminatorio o no, es real y así funcionan las sociedades científicas y su percepción cualitativa.
Entonces, investigadores con renombre son sin duda los más publicados y, así mismo, los más citados. En este caso un científico acreditado siempre será preferido antes que un joven desconocido, aunque este último presente trabajos novedosos y brillantes. Siendo así, el efecto Mateo es nocivo, ya que permite disminuir las posibilidades de avanzar, crecer y renovar, al tiempo que invisibiliza a los nuevos talentos o los coloca en la banca, hace de ellos anónimos colaboradores que trabajan y ven pasar sus opciones de reconocimiento.
Debería existir, no solo un programa de jóvenes investigadores, sino un proyecto de dotación y seguimiento a estos nuevos científicos, un sistema que los acoja y los encauce hacia la producción investigativa propia y con el debido reconocimiento, un entorno que les permita vivir de su quehacer y sus capacidades. Por qué no, una revista o varias revistas, que solo publiquen artículos de los jóvenes investigadores. También, laboratorios, empleos y medios de divulgación que los protejan y los valoren, para que, a estos jóvenes, que no tienen beneficios tengan posibilidades de acceder a ellos y no se los trague el tiempo y la falta de opciones.
La investigación científica es una actividad necesaria e imprescindible que permite alcanzar el desarrollo. Los jóvenes investigadores deben ser reconocidos, apoyados y valorados para que pueda darse un crecimiento y un avance social de alto impacto. Si dejamos perder la semilla, jamás tendremos la cosecha.

