Dice la Constitución que la Fiscalía, entidad que hace parte de la rama judicial, está obligada a adelantar el ejercicio de la acción penal y a realizar la investigación de hechos que revistan las características de delito, «siempre y cuando medien suficientes motivos y circunstancias fácticas que indiquen la posible existencia del mismo».
Nadie, en ningún momento, puede coartarle a esa entidad la posibilidad de cumplir con su función, pero también es cierto que no siempre sus actuaciones están libres de sospecha porque, más que un efecto judicial, parecen buscar uno político y no muestran motivaciones suficientemente sólidas ni respaldo en las circunstancias, como manda la misma Carta.
Eso ha pasado en todas las administraciones desde el nacimiento de la entidad en los albores de la década del 90, y la actual -la de Francisco Barbosa Delgado, el mejor amigo del presidente Iván Duque, como resaltan a cada rato los medios-, no ha sido la excepción.
Esta semana se anunció una de esas decisiones polémicas. Sergio Fajardo, el ex alcalde de Medellín, ex gobernador de Antioquia y posible candidato presidencial en el 2022, será imputado por la entidad en manos de Barbosa Delgado por «su presunta participación en los delitos de peculado por apropiación en favor de terceros agravado y contratación sin cumplimiento de requisitos legales».
Más concretamente, la Fiscalía dice que en el 2013, cuando Fajardo era gobernador, firmó un crédito en dólares con un banco local sin realizar un estudio sobre la conveniencia de un empréstito en moneda extranjera y sin tomar un seguro que protegiera a la administración antioqueña del riesgo cambiario.
Lo curioso de la imputación es -que tardó 8 años en aparecer y lo hace en este momento preelectoral- es que, si tiene realmente el alcance expresado en el comunicado del ente de control, tendría que aplicarse igualmente a muchos alcaldes y gobernadores, que en algún momento han tomado decisiones similares en condiciones parecidas, ateniéndose a las alternativas vigentes en materia de contratación.
El sustento de la decisión contra Fajardo suena tan débil y absurdo, que diversos rivales políticos, incluso de la misma orilla del partido de gobierno, han salido a cuestionarla y a respaldar al ex gobernador paisa. También ha habido voces en el mismo sentido desde los centros de estudios y desde los gremios económicos.
La pregunta que surge, reitero, es si realmente la Fiscalía busca en este caso justicia o hay la intención política de armar un escándalo para golpear a uno de los potenciales rivales del candidato del partido del gobierno, el Centro Democrático.
En diciembre pasado, el hombre fuerte de ese partido, el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, bautizó a Fajardo como «el candidato de Juan Manuel Santos para el 2022». Como Santos es probablemente una especie de demonio para Uribe, no sería extraño que desde las huestes del uribismo se adelantara una ofensiva para que no prospere una nueva candidatura de Fajardo. Todo eso puede ser, dado el ambiente enrarecido de la política colombiana y las flaquezas institucionales del país.
Lo más lamentable en el fondo es que una entidad tan poderosa como la Fiscalía termine enredada en estos tejemanejes, pero es la consecuencia lógica de tener en su dirección a personajes que le deben el cargo al gobierno de turno. Si el origen del Fiscal General no fuera político, habría sin duda más garantías de transparencia, más justicia y menos impunidad. Hay que darle majestad jurídica a la Fiscalía.
Dirán que en países desarrollados el fiscal general es incluso escogido directamente por el presidente o primer ministro, y todo funciona bien. Puede que así sea, pero también hay casos en el vecindario que muestran la misma falencia de este modelo, claramente inconveniente cuando no se tiene una justicia robusta, que pueda hacer valer su independencia frente a los otros poderes y frenar cualquier injerencia política.
Mientras no haya una justicia seria, y eso incluye por supuesto a la Fiscalía, tendremos que ver cosas como las que se sospechan en este caso de Fajardo… y peores.



