El deporte es un derecho fundamental, un lenguaje universal que nos permite expresarnos más allá de culturas, fronteras e ideologías, un instrumento generador de vida saludable y de sana libertad y una de las principales herramientas de promoción de la cohesión social, la coexistencia pacífica y la prevención de conflictos.
Justamente, este último rol llevó a Naciones Unidas a declarar el 6 de abril como el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, una iniciativa que busca promover la actividad física y los valores deportivos para fortalecer los lazos sociales, promover el desarrollo sostenible, la paz, el bienestar, la solidaridad y el respeto, así como para generar comportamientos saludables que aporten en la mejora de la calidad de vida y el bienestar de la población.
El deporte nos ha regalado innumerables relatos en los cuales personas sencillas rompen las barreras establecidas para ir más allá de lo posible y alcanzan victorias que superan el simple juego, transmitiendo mensajes de perseverancia, coraje, solidaridad y esperanza a la humanidad, como el atleta afroamericano Jesse Owens, que ganó las cuatro medallas de oro en las olimpiadas de 1936 en Munich, venciendo la supuesta ´supremacía nazi´; o el título mundial de rugby conseguido por el equipo sudafricano que ayudó a la unidad del país tras la abolición del Apartheid; o el fin de la guerra civil en Costa de Marfil iniciado a partir del discurso del futbolista Didier Drogba tras clasificar a su selección por primera vez a un mundial; o la histórica participación de Wojdan Shaherkani, al ser la primera mujer en representar a Arabia Saudita en los Juegos Olímpicos.
También están Derek Redmond, quien en Barcelona 92 debió detener su carrera en los 400 metros planos por una lesión en el tendón, a pesar de la cual se levantó y cruzó la meta en una pierna apoyado en el hombro de su padre ante el aplauso de todo el estadio; la surfista Bethany Hamilton, a quien a los 13 años un tiburón le arrancó el brazo izquierdo y hoy es una de las mejores surfistas del mundo; el gimnasta Kieran Behan, quien superó un cáncer, un accidente que dañó su cerebro y varias lesiones para convertirse en campeón mundial; y cientos de deportistas de diferentes disciplinas que han vencido enfermedades, heridas u otras circunstancias de vida en el camino para lograr sus metas.
Estas historias maravillosas parecen alejadas de nuestra cotidianidad; sin embargo, si volvemos a nuestra infancia recordaremos que un juego con quien nos ´caía mal´ se convirtió en amistad, que muchas veces nos levantamos del piso adoloridos y con la rodilla pelada para seguir jugando, que en ocasiones detuvimos la partida para ver si un amigo o un contrario estaban bien, que las peleas de hermanos terminan al empezar el juego, o que el agua para hidratarse no es de un equipo sino del que la necesite…
Al final, regresamos a casa, victoriosos o derrotados, pero felices, porque una de las cosas más hermosas del deporte es que nos brinda las mismas oportunidades de sobresalir, enfrentar desafíos, vencer miedos y superar diferencias. Mike Singletary, un jugador de fútbol americano lo resumió así: ¿Sabes cuál es mi parte favorita del juego? «La oportunidad de jugar».



