Hace tiempo que las bicicletas son parte del panorama vial de Alemania. Sin embargo, Alemania vive ahora el auge de este medio de transporte. Cada vez más personas dejan el auto para viajar en ellas. La cantidad de bicicletas ha aumentado, sobre todo en las grandes metrópolis.
En los últimos dos años muchas personas pasaron a pedalear en lugar de subirse al transporte público. Y mientras los cines y restaurantes seguían cerrados y no había eventos culturales, un paseo en bicicleta siempre era posible.
En 2020 se vendieron en Alemania alrededor de un millón de bicicletas más que en 2019, según datos de la Asociación de la Industria de la Bicicleta, un aumento de cerca del 35%. El precio promedio pagado por bicicleta fue de 1.000 euros, más del doble que en 2010, lo que se explica por el incremento en las ventas de las bicicletas eléctricas.
A propósito del «Día Internacional de la Bicicleta”, el 3 de junio, el ministro alemán de Transporte informó sobre su «Plan de Transporte en Bicicleta 3.0”, y dijo: «Queremos hacer de Alemania un país de bicicletas.”. Scheuer planea ahora impulsar la compra de una bicicleta eléctrica nueva y los pasajes en tren a través de descuentos impositivos.
El ministro quiere duplicar la movilidad en dos ruedas hasta 2030. Se espera que las personas viajen a diario en promedio hasta tres kilómetros con la bicicleta, el doble de lo que se recorre ahora. Hasta 2023, el Gobierno Federal quiere invertir 1.460 millones de euros en el transporte en bicicleta.
Este Plan implica aumentar las bicirutas tanto a nivel urbano, como rural e intermunicipal. Muchas ciudades y distritos planean construir ciclovías autónomas, más independientes del tráfico que las bicisendas, e incluso quieren edificar estacionamientos techados para bicicletas en las estaciones de tren, como ya existen en algunas ciudades.
Además, se planea la construcción de puentes para bicicletas en las calles muy transitadas, y hasta «bicipistas”, como las de la región de la Cuenca del Ruhr. A largo plazo, esas bicipistas con amplios carriles podrían conectar unas 10 ciudades y tener una longitud de más de 100 kilómetros.
Hasta que eso se haga realidad, más amantes de la bicicleta y más automovilistas tendrán que compartir un lugar cada vez más reducido en las calles y rutas. Y eso no está siempre libre de conflicto. Sobre todo en los puntos de mayor circulación se producen problemas, como revela un estudio de la Organización para la Investigación de Accidentes: un 66% de todos los accidentes de tránsito con ciclistas heridos, e incluso muertos, suceden en esos lugares.
El transporte en bicicleta es ecológico, económico y saludable. En nuestro país requiere de mayor tolerancia y respeto hacia los demás, un mejor cumplimiento de las normas de tránsito y una mayor seguridad, que no se conseguirá con más represión (nuestro vecino Brasil es un claro ejemplo), si no con una fuerte gestión de la cultura ciudadana y con medidas que reduzcan eficazmente las inequidades.

