Ibiza (isla blanca), siempre ha estado abrazada por una luminosidad que le estampa un fulgor místico. Ibiza, sigue siendo visitada por personalidades amantes del misterio que la rodea, o enamoradas de su reputación fiestera.
Las diferentes culturas que poblaron sus tierras introdujeron un surtido de tradiciones y saberes que aún prevalecen. Una de esas tradiciones fue el culto a la diosa TANIT, a la que se veneraba en muchos lugares del Mediterráneo que pertenecieron al imperio cartaginés y que la consideraban una deidad, en su mitología. Pero fue en Ibiza, donde la adoración de Tanit se hizo más palpable y donde se han encontrado diversos templos para su adoración.
Fueron por tanto los cartagineses en el año 654 a. C. quienes inspirados en la ausencia de serpientes, escorpiones y demás animales ponzoñosos y con puertos fáciles de conquistar, hasta allí se dirigieron. Durante dicha travesía, tuvieron que pelear contra los embates de la naturaleza que durante sus primeras expediciones fluviales, les azotaron con fuerza.
Las rojas tierras tiñeron el mar de la cala que les dio refugio. Este suceso trajo a su memoria, rituales de baños de sangre en honor a la diosa. Signo de buen augurio, según lo confirma la creencia popular. Fue así como iniciaron su culto en la isla.
Desde entonces, consideraron a Ibiza tierra sagrada. Enterraban a sus nobles en Dalt Vila, en el “Puig d’es Molins” que sigue siendo hoy, uno de los mejores ejemplos de necrópolis cartaginesa del mundo.
Se la asociaba con la diosa de la agricultura y por tanto, de la fertilidad de la tierra, animales y personas. Diosa del subsuelo, protectora de la salud, la muerte y los difuntos. Por su carácter guerrero, fue erigida protectora de la ciudad y mecenas de la buena fortuna.
Se cree que los poderes de Tanit radican en el agua potable (fuentes, etc.) de la isla, que contiene, según la leyenda, el poder de la purificación, la fertilidad y el equilibrio magnético. Todavía se practican rituales púnicos con danzas alrededor de los pozos y las fuentes de agua para conmemorarla.
Viene de la sabiduría popular, que los cartaginenes ofrecían sacrificios humanos a Tanit y a Baal (consorte de Tanit). Cuenta la leyenda, que cuando las cosas no iban bien en Ibosim (nombre con el que en la época cartaginesa se conocía a la isla de Ibiza), los sacerdotes degollaban y quemaban a unos cuantos niños primogénitos de las familias más ricas, para aplacar la furia de los dioses.
Estos sacrificios se llevaban a cabo en el templo de la cueva de Es Culleram, situada al norte de la ciudad a 150 metros sobre el nivel del mar. Es Culleram, está considerado el mayor santuario de la isla. Fue descubierto en 1907 por el arqueólogo Carles Román. A partir del siglo V a. C, Tanit se convirtió en la diosa de Ibiza.
Ahora que permanece silenciosa y majestática, dentro de una urna en el Museo de Puig des Molins, contempla desde la distancia con admiración, la curiosidad de quienes al pasar por su lado, posan los ojos en su rostro o la miran con indiferencia. Pero es posible que alguien descubra una ligera atracción que lo magnetice a tal punto de quedarse perdido en sus ojos de piedra.

