Leonard Bernstein el famoso director y compositor solía decir que no le era muy difícil encontrar un excelente primer violín, sin embargo a la hora de encontrar un segundo violín de igual calidad, la cosa se complicaba demasiado.
Tomando este celebre comentario y haciendo relación al ejercicio de nuestro liderazgo, es común tener en mente que líder es quien está en la parte más visible y por ende el que más se destaca. En el paradigma tradicional de liderazgo tenemos que el líder debe estar en la punta de la pirámide ejerciendo el protagonismo mayor.
Dada nuestra condición humana, es frecuente que nos sintamos inseguros, si alguien brilla más que nosotros, o cuando alguien nos toma la delantera. Son muchos los casos y además de forma muy frecuente el escuchar del interés de alguno que no ahorra esfuerzos en querer moverle el piso a otro para ganar su posición, y todo lo que hace el agredido para hacer todo lo posible por evitarlo.
Sin embargo desde una perspectiva de “Liderazgo Transformador”, se debe recalcar que liderazgo es ante todo influencia y que la influencia afortunadamente va mucho más allá de buscar el primer lugar, el que solo dirige o el que siempre tiene el mando y el control.
Frente a esto la tecnología del Coaching nos abre un abanico de nuevas posibilidades donde los esquemas verticales de relación pierden fuerza y en cambio aprovechando las herramientas y destrezas que brinda el uso de esta tecnología, se propicia la libertad de interactuar en nuevas relaciones en la cuales unimos esfuerzos para propender por cambios reales que reflejen propósitos mutuos, sin el temor de no recibir los créditos y los aplausos que tanto persigue nuestro ego.
En verdad muy pocos logran llevar con la mayor dignidad la gloria del segundo lugar, o incluso la del lugar que nadie ve. Influir detrás de las cámaras es un verdadero desafío para nuestro liderazgo.
Sentirnos bien al ver que otros brillan es evidencia de un corazón libre de egoísmos y envidias, pero el estar comprometidos en ayudar a desarrollar en otros su máximo potencial y que nuestra pasión sea verles integralmente exitosos es aún mucho más.
No pretendo con esta reflexión mostrarme como un modelo, pues disto mucho de ello, pero las veces que he trabajado en esto, he recibido el beneficio personal y la enorme realización que se experimenta al hacerlo. Esto me anima y desafía mucho más a mantenerlo como un compromiso de vida.
Es verdad que para la mayoría según la filosofía de nuestro mundo, es cuestión de hacer el papel del tonto, pero cuando realmente lo saboreamos podemos concluir que es más bien cuestión de grandeza.



