El nacimiento de esta nueva manera de follar, que no de hacer el amor, está cogiendo un auge sorprendente dentro de cierta clase adinerada, que se da el lujo de pagar enormes cantidades de dinero por colocar su semen dentro de una vagina de plástico. En el caso de la mujer, es posible que dentro de nada fabriquen al sujeto que de la talla como “buen amante”.
Supongo que en este mundo donde los sentimientos cada día van a menos, donde el sexo sin amor está en primera fila, donde el corazón ya no palpita de emoción y deseo carnal, muchísimos acabarán entrando por el aro. Total, la moda se impone.
Las grandes industrias se han dedicado a liquidar los sentimientos humanos incorporando poco a poco estos juguetes de placer automatizados, no como un complemento más del acto sexual entre parejas, si no, como compañía de vida cotidiana de solitarios, enfermos, insatisfechos, morbosos o aburridos matrimonios que prefieren dar rienda suelta a su sexualidad con una de plástico que les permita cualquier trabapiernas, sin decir ni MU.
Tenían que ser los chinos los primeros. ¿Cuándo no?… Todo esto, porque como la prostitución les está prohibida, introdujeron esta mercancía en los censurados prostíbulos, ¡y ala! a follar como conejos. Preocupante lo de la higiene. ¿No?…
Ya que la policía tomó cartas en el asunto y terminó con tan floreciente negocio, lo vendieron al resto del mundo y los fabricantes, dale que te pego a la producción de estos ingenios de placer.
Cuando se desinfle la primera y los chiflados tengan que recurrir de nuevo a lo que tienen en casa o a los sitios de lucecitas, por aquello de que la economía no da para tanto, las frustraciones se pondrán a la orden del día. Bueno, no faltaran quienes las compren por docenas y de todos los colores, sabores y olores. ¿Las hallaran de segunda mano?
Según los entendidos en la materia, la dichosa pandemia ha disparado las ventas, ya que cansados de verle la cara día y noche al ser con el cual copulan aunque sea una vez al mes, se han apretado el cinturón para hacerse con una de las sintéticas y matar el aburrimiento.
La excelente noticia para quienes son amantes de esta despabilada actividad, es que las están perfeccionando a tal punto, que en un futuro será difícil distinguirlas de un ser viviente: pieles con temperatura humana, ojos picaros con movimiento, bocas censuales articuladas a las que están agregando voz sintética. Gracias a la inteligencia artificial, podrán mantener conversaciones. Las imagino.
Estoy por creer, que a los humanos nos echaran del planeta tierra y que los que están en condiciones de viajar a cualquier otro planeta como quien paga un pasaje de autobús, van a formar un mundo aparte en donde las futuras muñecas, que ya caminan (las hay), sean el referente de mujer que necesitan los futuros desequilibrados: sumisas, calladas, y dedicadas al arte de la cama sin rechistar.
Sin duda, las convertirán en parejas sexuales activas en donde el salto del tigre y demás lindezas no tendrán limitaciones. Supongo que el plástico será de buena calidad, no sea que el ejemplar pegue un silbido y salga volando por la ventana. Hasta las de plástico, merecen buen trato.

