A finales de los años cincuenta, el columnista John Howard Griffin, patrocinado por la revista SEPIA debía escribir (1959), para un diario de Texas, un artículo sobre el aumento de la tasa de suicidio entre la población negra del sur del país.
Experimento psico-social importante, que lo llevaría a instalarse durante seis semanas, en uno de los barrios negros de Orleans y viajar por los estados más azotados por la intolerancia racista: Alabama, Luisiana, Misisipi y Georgia.
John, se sometió bajo su criterio, a un tratamiento con oxsoralen (pigmentación artificial), que oscurecería el color de su piel. Ideal, para satisfacer las intenciones del original periodista, y ayudado por un reconocido dermatólogo de la época, quien además lo sometería a periódicos análisis sanguíneos para controlar su hígado, larguísimas sesiones de lámparas bronceadoras (15 horas), y la aplicación de potingues pigmentantes.
Mejoró su acento sureño, se afeitó la cabeza y se hizo a un ropero acorde con su nueva raza. Protagonizó a partir de entonces, una vivencia apasionante, que lo llevó a escribir el más exitoso de los tratados de la época, en defensa de los derechos civiles: Black like Me.
Durante su largo recorrido en autobus, John Howard Griffin fue vejado, ninguneado y rechazado en toda clase de actos sociales y rutinarios, dejando de lado los derechos civiles que se creían incuestionables desde el conveniente e indolente pedestal blanco. Sus textos eran un compendio de evidencias que ponían al descubierto una recapitulación de las ofensas que sufría la población negra de la época.
Aunque estuvo a punto de participar en trifulcas con grupos racistas y policiacos, se abstuvo para no truncar su trabajo de investigación.
En marzo de 1960, hizo públicos sus trabajos y El KU KLUX KLAN, lo amenazó de muerte. John Howard Griffin murió de forma natural el 9 de septiembre de 1980, tras más de 20 años de altercados por los derechos civiles. Hay leyendas que achacan su muerte a los diferentes tratamientos, pero sin bases científicas.
La ideología del racismo, no puede seguir justificando el despotismo llevado a cabo durante la colonización. En la Alemania nazi, surgió la ideología basada en rasgos biológicos, que establecería la dominación, de supremacía y propiedad.
Según Aimé Césaire (poeta y dramaturgo), del siglo XVII al XIX, la segregación fue la pieza fundamental de discursos de intelectuales, científicos, literatos y sacerdotes católicos misioneros, que encumbraron la dominación occidental del etnocidio africano, de la barbarie de la civilización europea y de la ignorancia de una Ilustración.
En Norte América y Europa, es una práctica injustificable, en pleno siglo XXI. Sin políticas efectivas específicas, se sigue negando a la raza negra, vivir dentro de una sociedad con plenos derechos y libertades. Según el informe Being Black in the EU, el alto porcentaje de dificultades a que se enfrenta la población negra, es vergonzoso.
No hay razones ni argumentos científicos, que avalen la superioridad ni la inferioridad de ninguna raza. La matanza de Afroamericanos en los Estados Unidos de América, llevada a cabo por policías y su indolencia por esta raza, que creen inferior, se debe a la ampolla de superioridad inyectada en diferentes épocas, por el desequilibrio mental de muchos.
En la UE, afrontan dificultades intolerables, entre ellas el alquiler de viviendas, y encontrar trabajo digno.

