¿Caridad o circo político? En lo que podría convertirse en uno de los escándalos más bochornosos de su administración, el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, es señalado de protagonizar una descarada puesta en escena humanitaria para ganar aplausos mientras la ciudad se hunde en la inseguridad y la desconfianza ciudadana.
La denuncia la lanzó sin titubeos el concejal del Pacto Histórico, Javier Julio Bejarano, quien asegura que el supuesto acto de solidaridad con los niños del grupo de danza Masaka Kids Africana fue solo eso: un espectáculo mediático sin sustento real, lleno de mentiras y silencios sospechosos.
“Presenté un derecho de petición y la alcaldía me confirmó que no fueron ellos quienes compraron los tiquetes. Una empresa privada lo hizo, pero no dicen cuál. Todo fue un montaje.”, denunció Julio Bejarano con vehemencia en pleno Concejo Distrital.
Dumek Turbay apareció en los medios anunciando con bombos y platillos que, gracias a su gestión y a Corpoturismo, los niños ugandeses podrían regresar a su país. La escena fue vendida como un acto noble en medio de la crisis de seguridad que azota a la ciudad.
Pero el telón cayó rápidamente: ni la alcaldía ni Corpoturismo pagaron los tiquetes, y lo admitieron cuando se vieron presionados por el derecho de petición del concejal. La “empresa privada” que supuestamente los financió sigue siendo un misterio.
Julio Bejarano fue más allá y advirtió que de haberse utilizado dinero público para este show, sin cumplir los debidos procesos contractuales, se estarían violando normas fundamentales de la administración pública. ¿Delito, negligencia o simplemente manipulación política? El silencio de la administración solo alimenta las dudas.
“No se juega con el presupuesto del pueblo ni con los sentimientos de la gente. Si mienten con una ayuda humanitaria, ¿Qué no estarán haciendo con la contratación pública?”, sentenció el concejal.
Hasta el cierre de esta nota, la Alcaldía de Cartagena no ha respondido a la denuncia ni ha aclarado el nombre de la empresa privada que habría financiado el retorno de los niños. La falta de transparencia aviva la sospecha: ¿Quién pagó realmente? ¿Por qué se ocultó? ¿Qué se buscaba con esta farsa emocional?
El escándalo estalla en medio de crecientes cuestionamientos por la gestión del alcalde Turbay, acusado en otras ocasiones de priorizar el marketing político sobre las soluciones reales. Esta vez fue el uso de niños vulnerables como herramienta de propaganda.
