Por fin queda claro: en el gobierno del “cambio”, los proyectos no fracasan, se gradúan. No importa si no ejecutaron un peso, si nunca pasaron del power point o si apenas alcanzaron a matricularse en primer semestre. Aquí, todo se celebra con toga, birrete y comunicado oficial.
Entre conspiraciones de pasillo, contratos que no ejecutan ni el saludo y obras que nacen muertas pero igual reciben diploma, el Ejecutivo vuelve a demostrar que su mayor talento no está en construir soluciones, sino en explicar por qué nada funciona… siempre a espaldas de alguien.
Si algo nos ha enseñado esta administración es que los escándalos no aparecen: se forman, se maduran y se gradúan con honores. Y el más reciente episodio de esta telenovela palaciega tiene como protagonistas a la directora del DAPRE, Angie Rodríguez, y al director de la UNGRD, Carlos Carrillo, enfrentados en un duelo que combina denuncias, acusaciones políticas y una puesta en escena digna del horario estelar.
Contratos sin obras y millones sin destino | Rodríguez salió a los micrófonos con un listado que haría sonrojar a cualquier curso básico de administración pública:
- Irregularidades en contratos estratégicos del Fondo de Adaptación.
- Ejecuciones presupuestales irrisorias, particularmente en proyectos clave para La Mojana.
- Riesgo de pérdida de cientos de miles de millones de pesos.
- Y, como cereza del pastel, amenazas, intimidaciones y conspiraciones internas.
Todo esto narrado como quien describe un ambiente laboral tóxico… pero financiado con recursos públicos.
- La universidad del fracaso con mención honorífica
Tal vez sea momento de reconocer el mérito académico. La Universidad San José, experta en graduar proyectos fallidos, debería abrir una facultad en Bogotá y dictar cátedras magistrales sobre cómo ejecutar el 3% del presupuesto o cómo firmar contratos con 0% de avance sin que pase absolutamente nada.
Porque, claro, que “La Mojana”, la “Ruta del Arroz” o “Senderos para la Paz” aparezcan con cifras en ceros no es un error: es una tesis doctoral en administración creativa. Mientras tanto, las alertas de los organismos de control se acumulan, las quejas se repiten y miles de colombianos siguen preguntándose si la ejecución presupuestal se convirtió en una corriente de arte conceptual.
- Angie vs. Carrillo: duelo de versiones
Rodríguez acusa. Carrillo responde. Ella habla de mal manejo de recursos; él habla de una “blitzkrieg”, una supuesta guerra política para sacarlo del control del Fondo de Adaptación. La defensa incluye épica, victimización y teoría de complot, pero poca claridad contable.
Lo que no se explica —ni con metáforas bélicas ni con discursos airados— es cómo se pasó de administrar millones a justificar resultados que no cuadran ni en una calculadora averiada.
- El gobierno del cambio… de versión
Aquí aparece el patrón. Cada denuncia interna es rápidamente catalogada como política, dirigida o manipulada. Hoy es “fuego amigo”, mañana será “inexperiencia” y pasado mañana, quizá, un complot intergaláctico de contadores rebeldes.
Mientras tanto, el país no recibe respuestas claras, sino relatos cruzados que parecen guiones de novela: amenazas, renuncias, regresos, acusaciones públicas y defensas más preocupadas por salvar reputaciones que por salvar proyectos.
Rodríguez renunció, denunció presiones, habló de amenazas a su familia y luego regresó con más acusaciones. Carrillo se presenta como víctima de una emboscada política. ¿Quién tiene la razón?
- ¿Una funcionaria decidida a defender la transparencia a cualquier costo?
- ¿Un directivo injustamente atacado?
- ¿O ambos atrapados en una lucha de poder donde la verdad es apenas un daño colateral?
Si por “verdad” entendemos claridad, coherencia y resultados, es probable que no esté en ningún despacho del DAPRE, la UNGRD o la Casa de Nariño. Lo que sí es evidente es la fragilidad de un gobierno donde cualquier choque interno termina en escándalo, mientras los proyectos que deberían cambiar realidades siguen estancados.
Este escándalo tiene todos los ingredientes del libreto oficial: traiciones internas, denuncias mediáticas, teorías de conspiración y peleas por el control de recursos. Y, por supuesto, la frase insignia: “Todo fue a mis espaldas”.
Así, mientras la Universidad San José sigue otorgando títulos honoríficos a proyectos fallidos, los colombianos seguimos esperando que alguna versión sea cierta… o al menos útil. Porque al final, si todo termina en ruido y nadie rinde cuentas, la única graduación que realmente importará será la de un gobierno que aprendió a escalar crisis, pero no a resolverlas.

