La desaparición de los coches de caballos en Cartagena sigue generando debate. Replicamos esta columna de opinión de Daniel Samper Pizano, publicada en Revista Cambio el sábado 18 de enero de 2026 que pone en tensión modernidad, patrimonio y memoria urbana, con el humor y la lucidez que lo caracterizan.
Hace cosa de setenta años entraron a una fonda en Cartagena el humorista Alfonso Castillo Gómez y su gran amigo Ernesto Carlos el Bebé Martelo. Habían llegado en un coche de caballos y dieron instrucciones al joven auriga de que los esperara allí parqueado. Al poco rato, el abuelo reemplazó al nieto en la silla del conductor, según turnos acordados. Tres horas más tarde los dos compadres salieron bastante chispones, y Castillo, al ver al viejo enjuto y canoso que los esperaba en el coche, comentó alarmado:
—¡No friegues…! ¿Te das cuenta de los años que estuvimos tomando?
Una ciudad de casi cinco siglos, como Cartagena, atesora mil anécdotas sobre callejuelas, tabernas, cocheros y caballos. Luis Carlos el Tuerto López, notario lírico de la villa (cuya casa natal sigue en ruinas, dicho sea de paso), nos dejó la siguiente estampa:
Y el cochero de punto, de chistera
apabullada, con
la camisa por fuera
y las polainas en la bigotera
del coche, hostiga su rocín trotón.
Flemático, grotesco, exuberante
como un enorme paquidermo,
medita el buen auriga en su pescante.
Debo decir que estos episodios pintorescos ocurrían hasta el pasado 30 de diciembre. Ese día, un “esfuerzo conjunto” de la alcaldía municipal e inversionistas privados desterró los tradicionales coches, los flemáticos cocheros y los rocines trotones que durante decenios pasearon clientes en el centro de la ciudad.
Ya Cartagena no forma parte del privilegiado grupo de urbes que recorren su pasado con carrozas de alquiler, como Nueva York, Sevilla, Viena, Praga, Quebec, Estambul y varias más. Ahora, en vez de estos símbolos coloniales, acecharán a los visitantes sesenta engendros mecánicos, imitadores destemplados de los carritos chocones de las ferias de pueblo. Los animales desaparecieron.
- Los que se van.
Algunos medios lo celebran como “un paso en la dirección correcta”; la prensa se traga la hábil campaña de publicidad montada a favor del “turismo de lujo” y algunos animalistas extremos aplauden ciegamente lo que conducirá a la extinción equina en la región.
Conozco y admiro a Alejandro Riaño, promotor de la iniciativa, y por eso no dudo de que se trata de un negocio limpio y transparente. Pero tampoco dudo de que es un error atroz reemplazar el emblema hípico de la ciudad por estos endriagos eléctricos que acechan como lucrativa posibilidad comercial.
Los argumentos publicitarios con los que Cartagena liquidó sus carruajes merecen una mirada.
Primero: dizque los cochoides son menos ruidosos que los coches. Grave falla confundir el ruido con el grato sonido cloc-cloc de los cascos en el empedrado. Para ruidos, las discotecas y bailaderos que pululan en ciertas zonas urbanas.
Segundo: dizque huelen mejor los cochoides. Concedido, aunque hay quienes preferimos el olor natural de una manotada de boñiga que los ambientadores químicos contaminantes y el humo de los generadores de energía.
Tercero: dizque los cochoides ofrecen internet, música, tarjeta de crédito y otras conexiones. Yo lo veo como una desventaja: era un placer disfrutar de media hora al ritmo del trotón sin recibir llamadas, alertas ni anuncios.
Cuarto: dizque los cocheros (al menos algunos de ellos) serán reemplazados por beautiful señoritas. Vendan el argumento en Disneylandia, señores. A mí denme el divertido auriga local que cuenta la historia a su manera y agrega el chisme de las casas de gente famosa.
Quinto: dizque los carruajes obstaculizan el tráfico. No. El tráfico lo atascan miles de carros que llegan a Cartagena de todo el país y atiborran calles y avenidas. Los coches tradicionales eran víctimas, no causantes, de esta horda.
Sexto: dizque se trata de proteger a los caballos. Este es el más demagógico argumento de los innovadores. ¿Protegerlos de quién? ¿De quienes los maltratan? ¿O de los que los sentencian a desaparecer por no ser ya útiles en la producción de utilidades? Mis pesquisas señalan que solo un pequeño porcentaje de los rocinantes ha padecido abandono o vejaciones, y en este caso hay leyes para educar y para castigar a los autores. Basta una vieja foto de un animal derribado para diseminar la equivocada idea de que tal es el estado general de la caballada. Mentira. Por el contrario, en casa de buen cochero el caballo es otro miembro de la familia.
Los falsos protectores equinos se escandalizan de que los caballos carguen o arrastren pesos. Para su información, así ha sido siempre. Hace diez mil años la anatomía de sus antepasados era muy semejante a la de los actuales. En Grecia y Babilonia, hace cuatro mil, ya tiraban de carruajes y llevaban jinetes. En el siglo V, cientos de miles de hunos se tomaron media Europa a caballo.
Me encanta reconocer que el abogado Dumek Turbay ha sido un buen alcalde de Cartagena. Pero incluso el mejor alcalde puede cometer alcaldadas (“Acción arbitraria o inconsiderada que ejecuta un alcalde”: Diccionario del español). Otros lo hicieron. A comienzos del siglo XX un burgomaestre innovador derribó parte de la muralla para agilizar el tránsito. Y no faltó el alcalde creativo que la pintó.
Los que llegan.
Cartagena es de los cartageneros, pero también de todos los colombianos, que la queremos, y desde 1984 es patrimonio de la humanidad. Por eso decisiones trascendentales como tumbar murallas o cambiar coches antiguos por esperpentos caricaturescos no pueden estar en manos del alcalde y los concejales sin contar con la aprobación de una comisión de historiadores, líderes cívicos y expertos en arte.
Hace unos años, Bogotá decretó la desaparición de las zorras (caballos con carretas). Hoy quienes jalan pesadísimos carromatos por calles y avenidas son niños, viejos y mujeres paupérrimos que reemplazaron a los animales.
¿Y de los caballos costeños destituidos, qué? No lo sé. Pero aconsejo a ciudadanos y turistas que por ahora eviten la longaniza y las butifarras.






