En el mundo de la actuación, un libreto bien escrito puede engañar al público más exigente. Pero en la administración pública, cuando el libreto incluye cursos de transparencia y, al mismo tiempo, títulos presuntamente falsos, la obra deja de ser arte para convertirse en un insulto a la ética ciudadana.
El caso de la exreina modelo y actriz Yeimy Paola Vargas Gómez no es solo un expediente judicial; es el retrato hablado de una doble moral que carcome las instituciones de Cartagena de Indias.
- 1. El curso que no enseñó honestidad
Lo más irónico —rayando en lo cínico— es que en la misma hoja de vida donde Vargas presume haber realizado un curso sobre transparencia y lucha contra la corrupción, reposaba el acta de grado que hoy la tiene a las puertas de una imputación.
¿De qué sirven los seminarios de ética si, según la Fiscalía, se utiliza un diploma de tecnóloga «fabricado» para inflar el sueldo? Ir a clases de transparencia para luego, presuntamente, saltarse la ley, es el equivalente a dar un discurso de paz mientras se guarda una daga bajo la mesa.
- 2. La Alcaldía: ¿Garantía de derechos o alcahuetería?
Aquí la «candela» no solo quema a la actriz. La Alcaldía de Cartagena entra en el juego de la doble moral con una maniobra que desafía la lógica:
- El primer contrato: 55 millones de pesos por un título que, según el Instituto de Cultura de Bucaramanga, no existe.
- El segundo contrato: Tras destaparse el escándalo, le otorgan uno nuevo por 18 millones, ahora como bachiller.
Bajo la bandera del «debido proceso», la administración local parece premiar a quien está bajo sospecha. Si bien la presunción de inocencia es sagrada, la ética pública sugeriría que, ante una investigación por falsificar documentos para contratar con el Distrito, lo mínimo sería una pausa por respeto al erario. En Cartagena, sin embargo, la confianza parece recuperarse con solo bajar el perfil académico en el papel.
- 3. ¿Quiénes son los otros «actores»?
La Fiscalía no solo va por la exreina el próximo 30 de abril. La gran pregunta es: ¿Quiénes en el IPCC permitieron esto? Es imposible no cuestionar la «ceguera voluntaria» de los funcionarios encargados de verificar hojas de vida. ¿Nadie notó que la tipografía del nombre de la estrella no coincidía con el resto del documento? ¿O es que el brillo de la corona y la fama actoral pesan más que los manuales de contratación?
- El veredicto social
Nadie discute el talento de Yeimy Paola Vargas en las artes, pero el servicio público exige una coherencia que aquí brilla por su ausencia. Mientras miles de jóvenes tecnólogos reales en Cartagena buscan una oportunidad sin palanca ni fama, el Distrito parece sostener un sistema de «doble rasero»: duro con el ciudadano de a pie, pero flexible y garantista con las figuras públicas.
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La transparencia no es un diploma que se cuelga (o se inventa); es una conducta que se ejerce. El 30 de abril comenzará a caer el telón de esta tragicomedia judicial.



