SÁTIRA / La funcionaria parece atornillada a la universidad que tendrá nueva sede, pero vieja directora
- Por: Check-in Caribe
Nadie es eterno en la vida. Pero Sacra Náder David, para asombro de la ciencia y de los saberes infrahumanos, parece que será la primera humana que sí. Será eterna… en la dirección de la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar —Unibac—, donde lleva más de 27 años y, a este paso, seguirá por los siglos de los siglos.
El gobernador Yamilito “El Histórico” Arana confesó, histriónico como siempre, tal Brad Pitt frente a los micrófonos, que cuando llegó al Palacio Departamental le pedían a gritos la cabeza de Sacra. Pero después entendió que no. Que Sacra era irremplazable. Que sobre la faz de la tierra no había, ni ha habido, ni habrá jamás una como ella. Es que Sacra es algo así como la Reina Isabel II de Bolívar. O, mejor dicho, la Reina Eterna de la comarca y con una reina nadie se mete. Entonces Yamilito la dejó quieta en primera.
Ella, que oyó lo que decía El Gober, sentada durante el acto de lanzamiento de la nueva sede de Unibac en La Matuna, se llevó la mano al corazón, con las lágrimas casi a boquita de jarro de salirle por los ojos.
Sacra lleva casi tres décadas en la dirección de Bellas Artes mientras por la Gobernación y por el mundo han pasado gobiernos, funcionarios, huracanes, diluvios, guerras, pandemias y hasta presidentes. Y ella sigue ahí, incólume. Sin despeinarse. Perpetuada en el tiempo. Es la Amparo Grisales de Bellas Artes.
Porque también es un arte resistir casi tres décadas en la dirección de una institución pública. Y, como si fuera poco, todo parece indicar que la corona seguirá por años sobre sus sienes.
Este jueves 10 de septiembre, Yamilito y Sacra aparecieron juntos, como se ha dicho, en el inicio de las obras de la nueva sede de Unibac, un edificio de diez pisos que será otro gran escenario para la institución.
Cuando lo terminen, no hay dudas, Sacra estará de nuevo en primera fila, con o sin Yamilito, inaugurándolo. Póngale la firma. Será una nueva sede con una vieja reina. Pero, ¿y quién respalda esa férrea corona? Pues, sea quien sea, tú eres la reina, como cantaba Diomedes y seguirá siéndolo, según parece. Porque no ha nacido, ni nacerá, la primera o el primero que pueda reemplazarla.
Ella, además, ha demostrado con creces que sabe practicar, a la perfección, el fino, bello y casi eterno arte de quedarse atornillada en un puesto público… hasta el fin de los tiempos.

