La tierra continúa ajustándose en el departamento del Chocó tras el terremoto del pasado 10 de agosto cuya magnitud fue de 7,4 Mw que estremeció a San José del Palmar. El Servicio Geológico Colombiano (SGC) ha contabilizado 1.340 eventos sísmicos en diferentes zonas del departamento, un comportamiento que mantiene bajo monitoreo permanente a la región.
El terremoto principal ocurrió a las 7:34:27 de la mañana del 10 de agosto, con epicentro en jurisdicción de San José del Palmar, en las coordenadas 4,99° de latitud norte y -76,29° de longitud oeste, y a una profundidad de 103 kilómetros. El evento alcanzó una aceleración máxima del terreno de 422,65 cm/s² y fue considerado el sismo de mayor magnitud registrado en Colombia durante el siglo XXI.
Desde entonces, la Red Sismológica Nacional de Colombia ha mantenido vigilancia continua sobre el comportamiento de la corteza terrestre en el departamento. Los registros obtenidos durante los primeros 20 días posteriores al terremoto muestran que la actividad no responde a un único fenómeno, sino a dos comportamientos sísmicos diferenciados.
Por un lado están las réplicas asociadas al terremoto principal. El SGC ha identificado más de 260 movimientos concentrados en las proximidades del epicentro, especialmente en el área de San José del Palmar, con profundidades que oscilan entre 70 y 105 kilómetros. De acuerdo con el comportamiento observado, la frecuencia y la intensidad de estos eventos han venido disminuyendo progresivamente, en un proceso relacionado con el reacomodamiento de la corteza después del gran sismo.
Pero, de manera paralela, los científicos detectaron otro fenómeno que requiere especial atención: un enjambre sísmico localizado en sectores de Sipí, Istmina, Medio San Juan y Litoral del San Juan. En esta zona se han registrado más de 900 movimientos telúricos, muchos de ellos a profundidades considerablemente menores, entre 30 y 60 kilómetros.
La diferencia entre ambos fenómenos resulta fundamental. Mientras las réplicas guardan una relación directa con la ruptura provocada por el terremoto de magnitud 7,4 y se concentran alrededor de su epicentro, el enjambre corresponde a una sucesión de sismos agrupados en otra zona y con características distintas de profundidad y distribución.
La mayoría de los movimientos registrados han presentado magnitudes inferiores a 3,0, por lo que normalmente no son percibidos por la población. Sin embargo, el seguimiento científico también ha identificado eventos de mayor magnitud durante las semanas posteriores al terremoto.
Entre ellos se encuentra el sismo registrado el 21 de agosto, de magnitud 3,7 y una profundidad de 43 kilómetros, así como otro ocurrido el 24 de agosto, que alcanzó una magnitud de 4,1 y se produjo a 47 kilómetros de profundidad.
- ¿Qué está provocando esta actividad?
La hipótesis que analiza el SGC apunta a que la enorme cantidad de energía liberada por el terremoto de magnitud 7,4 pudo haber modificado el estado de esfuerzos tectónicos en la corteza terrestre, favoreciendo la activación de estructuras y fallas geológicas próximas que permanecían en relativa quietud.
Sin embargo, los especialistas hacen una precisión que resulta determinante: la ocurrencia de réplicas no significa que pueda anticiparse cuándo ocurrirá un nuevo terremoto ni cuál será su magnitud. La ciencia no dispone actualmente de un método que permita predecir con precisión estos fenómenos.
El comportamiento posterior a un terremoto de gran magnitud puede prolongarse durante semanas o incluso meses, razón por la cual el monitoreo de la actividad sísmica continúa siendo permanente en el departamento.
Mientras la Red Sismológica Nacional mantiene el seguimiento de los movimientos de la tierra, las autoridades adelantan acciones de evaluación y gestión del riesgo en coordinación con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
Más allá de las cifras, los 1.340 sismos registrados constituyen una señal inequívoca de que la actividad tectónica en el Chocó continúa siendo objeto de vigilancia científica. El llamado de los expertos, sin embargo, no es al pánico sino a la preparación, la prevención y la información oficial, especialmente en una región que acaba de experimentar uno de los terremotos más fuertes registrados en la historia reciente de Colombia.

