Todo indica que Marta Lucía Ramírez está a semanas -quizás días- de dejar el gobierno para competir de nuevo por la Presidencia de la República y por ser la primera mujer que dirija los destinos del país desde la Casa de Nariño.
Aunque a sus 64 años ha acumulado una larga carrera en altas posiciones del Estado, lo cual le ha dado suficiente preparación para ocupar el cargo, no será una tarea fácil ganar las elecciones. Sin embargo, también es cierto que probablemente no tendrá un mejor momento para intentarlo.
Y no será fácil ser primero candidata y luego presidenta por diferentes razones. Una de ellas es venir de un gobierno desgastado que no le otorgó el protagonismo necesario para darle un impulso fuerte a su nombre. Si bien como vicepresidenta ha podido actuar en un amplio rango de temas, ante las cámaras siempre tuvo un papel discreto porque lo importante era afianzar la imagen débil del presidente Iván Duque, quien llegó al gobierno con el sambenito de ser un títere de Álvaro Uribe.
Y también es cierto que, como ella llegó a la fórmula presidencial como cuota del Partido Conservador y de Andrés Pastrana, algunos personajes del Centro Democrático con intereses en futuras aspiraciones se ocuparon de que no tuviera tanta vitrina. Cosas típicas de la política.
A pesar de todo, la imagen de la vicepresidenta no ha resultado tan golpeada y su reconocimiento ha crecido, lo cual ya es ganancia. Ni siquiera el escándalo que se quiso hacer con la revelación sobre su hermano, condenado muchos años atrás por narcotráfico, le hizo mella. Aparentemente tampoco el episodio alrededor de un socio incomodo que en algún momento tuvo su esposo.
De todas maneras el paso por gobierno le permitirá a Marta Lucía llegar de nuevo a la arena electoral con cierta ventaja en caso de que tenga que competir en algún tipo de ‘primarias’ con los aspirantes del Centro Democrático y, posiblemente, con alguien de esa alianza de exgobernantes regionales que parece estar cuajándose como alternativa de centro-derecha.
Lograr el respaldo del Partido Conservador no sería tarea difícil para ella, porque no hay prácticamente nadie que le compita en esas toldas. Ni siquiera el exministro Mauricio Cárdenas, quien tiene méritos para hacerlo.
Ganar el respaldo del Centro Democrático puede ser más complicado si lo más cercanos a Uribe insisten en empujar la aspiración del delfín Tomás o en imponer un candidato hecho en el partido, lo que a estas alturas suena suicida. Sin embargo, si la pelea es con las palomas, las mariafernandas, los nietos, las posibilidades de éxito son mucho más claras, porque esos son aspirantes muy enanos. El potencial competidor más fuerte era el ministro Carlos Holmes Trujillo, quien lamentablemente falleció.
Lo difícil para la vicepresidenta sería ganarles el pulso a rivales de la centro derecha como Alejandro Char y Enrique Peñalosa, que tienen más o menos un feudo electoral importante, que no cargan con el desgaste del gobierno actual aunque lo hayan apoyado, y que unidos le pueden poner condiciones al Centro Democrático y los conservadores para una eventual alianza.
Lo ideal sería no llegar a medir fuerzas con alguno de ellos en una consulta en marzo próximo, pero si es inevitable, Marta Lucía tendría que hacer un trabajo enorme para conquistar aliados regionales y abrir más el espectro de esa misma coalición, incluso entre liberales y la izquierda moderada. La competencia con Char sería especialmente difícil por su fuerza en la Costa y su chequera, pero la vicepresidenta tiene a favor que la imagen del exalcalde barranquillero es pobre en otras regiones y eso también cuenta.
Si supera ese escollo gigante, las posibilidades de éxito para Marta Lucía en las presidenciales no serían pocas, sobre todo si saca provecho de su condición de mujer y logra acaparar el no despreciable voto anti-Petro que potencialmente existe. Le ayudaría mucho en esa tarea proyectar una imagen más cercana a la gente, tener un discurso más sencillo, superar controversias desgastadas sobre temas como la paz y buscar banderas de revolución social.
Posiblemente la mejor opción sería proyectarse menos como una política de derecha, conservadora y cercana a Uribe, y más como una mujer y madre colombiana que entiende que las divisiones se deben superar sobre todo en las coyunturas difíciles como la actual y que se pueden lograr transformaciones en la sociedad sin provocar convulsiones.
Si se queda simplemente en la orilla uribista y no tiende puentes hacia otros sectores de la vida nacional, podría perder esa diferencia que la lleve a ganar. No hay duda de que Marta Lucía Ramírez está preparada para gobernar y probablemente haría grandes cambios, sobre todo en la economía del país, pero el poder se gana haciendo política y esta pondrá a prueba su personalidad en la materia retándola a ir más allá de los intereses de quienes la rodean.

