La alegría, característica innata de los colombianos, tiene un límite. La imagen del selfie en la que se ve al Presidente de la República, al Ministro de Salud y a otros funcionarios del Estado haciendo la “V” de la victoria, es patética. Es un logro, pero ¿para lanzar cohetes por 696 vacunas en Sucre? Faltaron la banda municipal, un porro bien “jalao” y los burros, burros, engalanados.
¿Tremenda bullaranga para tratar de comerle el coco a los que creen imbéciles? Son apenas cincuenta mil vacunas para toda Colombia. Solo a 25.000 personas se les aplicarán las dosis obligatorias.
Cuando lleguen las “61,5 millones de dosis, con una inversión superior a los 2 billones de pesos, que permitirán vacunar a 35 millones 250 mil personas durante el año 2021” prometidas, ¡fiesta nacional! El espíritu patriótico fiestero revolucionará las calles. Muchísimos los aclamarán con el estómago vacío y las preocupaciones ocultas (dan para todo). Duque y sus Ministros saludarán entusiasmados con cara de cumplimos y todos contentos. ¡Cuánta barbaridad! Colombia no es más que un disfraz monumental, que tiene que evadirse con bombos y platillos, para resistir la orfandad de los que viven dentro de él.
Demósles bulla, para mantenerlos atontados (habrán dicho). Mientras, nuestros chanchullos caminan hacia las “cloacas”. ¿No hubiera bastado con el Ministro Ruíz y ya es mucho, teniendo al Gobernador de Sucre que supongo, tiene los cinco sentidos funcionando correctamente? A los costeños (vivo fuera), el atraso les está cegando. Con seguridad, salieron a mirar pasar los camiones, las motos, las banderas y se les puso la carne de gallina, cuando el Presi dijo: «Estamos recibiendo hoy este primer lote de vacunas para ser dispersado y para salvar vidas». ¡Que perogrullada! Ha correspondido hacerlo a todos los mandatarios del mundo que recibieron una cantidad muchísimo mayor y no han formado alboroto alguno.
Falta ahora ver como imponen la ley, ya que habrá quien vacune a toda su familia y amigos, aunque no les toque. No sigo con las manifestaciones triunfalistas de los demás políticos, porque son de un cinismo preocupante.
¡Que buen presidente! —Exclamarán muchos—, al verlo pasar bandera en mano. No señores, un embaucador. Y, mientras no lo tengan claro, seguirán comiendo yuca sin suero. Ellos, “comen otras cosas”.
Tanta parafernalia, da para desconfiar (nada nuevo). En Colombia, la desconfianza se pasea por todas las administraciones del Estado, casi sin excepción.
Según Duque, “las vacunas se distribuirán gradualmente en todo el territorio para que vayamos protegiendo al talento humano de primera línea y así se avanzará en la vacunación masiva para alcanzar la reactivación segura de la economía duramente golpeada por las restricciones sanitarias impuestas.” ¡Que perorata! Con menos, hubiera dicho más y entendible.
Van otras: “Colombia y todos los colombianos tenemos que salir fortalecidos y tenemos que apoyarnos unos a otros, respaldar a nuestro Ministerio de Salud y que Colombia, con la llegada de estas vacunas, siga adelante. Que este sea el año de la vacunación masiva, la reactivación segura y que todos caminemos con la V de las vacunas, con la V de la victoria frente a esta enfermedad”. “Estamos cumpliéndole a Colombia”. ¿En serio? Habrá quien le crea.
Que yuca con suero nunca falten. Más responsabilidad, administrativa y menos parafernalia.


