Hace 4 meses escribí una columna #Opinión | La Diáspora colombiana y el desarrollo de Colombia, desde entonces deseo retomar como ideas básicas que, aunque no se sabe con exactitud su volumen, se estima que, con excepción de Bogotá y Antioquia, la diáspora equivaldría a una entidad territorial más grande que cualquiera en Colombia, y que ha crecido en un 50% en los últimos 10 años. Mencioné que según el banco mundial en 2019 la diáspora le aportó al país en remesas 7.011 millones de dólares, equivalentes al 2,08% del PIB colombiano.
También mencioné que, en contraste, la diáspora sólo es representada con una única curul en la Cámara de Representantes. Y que quienes migramos no encontramos respaldo, ni del servicio exterior, ni de nuestra representación política, para muchas de las dificultades que se nos presentan durante el proceso de migración, que retrasan nuestro ingreso a la vida productiva y por lo tanto el flujo de las remesas.
Hoy quiero referirme en particular a la representación de la diáspora en el Congreso. La Constitución Política de Colombia en 1991 estableció la participación de los colombianos residentes en el exterior en la Cámara mediante un representante elegido por los ciudadanos residentes en el exterior.
En 2013 se amplió la participación a dos representantes, que se redujo de nuevo a un sólo representante en el 2015, limitando de manera desproporcionada el derecho de participación de la diáspora.
Me ha sorprendido conocer que el censo electoral de la circunscripción internacional, es decir, los colombianos residentes en el exterior que estamos inscritos para votar, somos solamente un poco más de 300.000 personas. Es decir, solo alrededor del 5% del volumen estimado de la diáspora.
También me sorprendió saber que el abstencionismo de la circunscripción internacional ha llegado a superar el 90%. Eso significa que el representante de los intereses de los colombianos en el exterior ha sido elegido por apenas el 0,5% de los mismos. ¿Es eso representativo? Ni hablar de que el actual representante fue elegido en lista cerrada.
Conversando durante los últimos meses al respecto con cientos de colombianos residentes en diferentes países y continentes del mundo, la respuesta mayoritaria fue el desconocimiento absoluto de que la diáspora cuenta con una curul en la Cámara de Representantes para velar por sus intereses. Sólo saben de ello algunas personas residentes en Miami.
Después de ésta, hubo otras respuestas menos frecuentes que ya no me sorprendieron, como el desconocimiento de los calendarios electorales, de los procedimientos para inscribir la cédula y para votar en el exterior y hasta de las sedes del servicio exterior colombiano en el país donde residen. Como lo escribí hace 4 meses, la proyección de las embajadas y consulados es nula, los colombianos en el exterior sólo las conocemos cuando nos vemos obligados a realizar algún trámite en ellas.
Pero la respuesta que más tristeza me ha dado es la falta de confianza en que sus intereses puedan ser representados. En efecto, el desconocimiento de que existe un representante en la Cámara para velar por los intereses de los colombianos en el exterior, habla claramente de la gestión de quien la ocupa.
Motivados por la complejidad de las situaciones que se deben enfrentar cuando se emigra, casi todos con los que he hablado han participado mediante diferentes mecanismos para manifestar sus problemas, siempre convocados por otros ciudadanos colombianos que han vivido o están viviendo las mismas dificultades y desean proponer diferentes iniciativas para ayudar a solucionarlas. Ninguna fue convocada por el representante que ocupa la curul desde 2018.
La gestión de un representante no puede darse de espaldas a la población que representa, sin ningún mecanismo de comunicación que permita la participación directa de los representados para al menos escuchar sus problemas. Las crisis de representación como esta, degradan el sistema democrático.
Los colombianos residentes en el exterior no podemos permitir que el próximo año nuestro representante sea de nuevo elegido por el 0,5% de nosotros y en lista cerrada. Necesitamos acudir masivamente a inscribir nuestra cédulas y a las urnas en consulados y embajadas y elegir alguien que realmente se interese por nuestras realidades y necesidades. ¡A fortalecer la democracia!



