El cubano, es un ser especial y único. Amante de pasarla bien, la alegría emana de él como chorros de energía. Un pueblo que se entrega a la práctica de la sonrisa eterna, que se embriaga con su música para mantener el corazón recargado.
Amarrado a un socialismo arcaico, de un régimen totalitario, se ha visto obligado al vaivén de las pateras y al embrujo de los cuentos que trasmitidos desde el exterior por compatriotas que han logrado escapar o por turistas embriagados por el deseo de sexo, han deseado beber de esta medicina de ensueño, y sentido la imperiosa necesidad comprensible, de llegar hasta ese encantador mundo lleno de las “maravillas”, que abastecería de prosperidad, su esperanzador futuro.
Es innegable, que pocos logran alcanzar el éxito y son muchos los que siguen idealizando la América de la esperanza. Se niegan a aceptar la realidad que subyace dentro de un mundo vacío, lleno de penurias, en donde la supervivencia se hace cada día más molesta.
Por lo general, sufren horas de agotamiento total, ya que para poder comer, se han visto en la necesidad de patear las calles hasta destrozar los zapatos que conservaban desde Cuba, sin encontrar, por indocumentados, algún puesto de trabajo. Duermen en la calle, comen de los contenedores y trafican, para terminar en las cárceles durante meses u años.
Las “oportunidades”, están llenas de lucha, de tragedias, de inseguridades, de hambre y deseos de regreso. No todo es llegar y pisar el cielo. Las ocasiones, están a la orden del día, pero está comprobado, que son difíciles de alcanzar.
Los jóvenes que no han conocido más que el sistema instaurado por Fidel Castro, son según parece, los instigadores de las actuales protestas y seguidores del Movimiento San Isidro, fundado en 2018 por artistas y disidentes en La Habana y financiado por Estados Unidos a través de la Agencia para el desarrollo, la Fundación Nacional para la Democracia y por el Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina (CADAL). ONG de fuerte ideología anticastrista.
Estos “incitadores”, están pidiendo a gritos ser dueños de su propia vida y dejar atrás el propagado bloqueo financiero, comercial y económico, impuesto en 1958 durante el régimen dictatorial de Fulgencio Batista, sobre la venta de armas y por segunda vez, en octubre de 1960, por el republicano Dwight Esenhower como oposición a las expropiaciones de las compañías y demás propiedades de los ciudadanos estadounidenses en la isla por parte del nuevo gobierno revolucionario, tras la derrota del dictador Batista y la toma del poder por Fidel Castro.
Según muchos, no es para tanto y según otros, Cuba jamás ha levantado cabeza, a consecuencia de ello. La realidad, es que el bloqueo existe y que en 1962, durante la presidencia demócrata de Kennedy, las restricciones fueron casi totales, al igual que en la de Clinton en los años 90 con la sanción de la Ley Helms-Burton.
Durante la presidencia de Obama, se restablecieron las relaciones diplomáticas entre ambos países, pero no se eliminó el embargo, que los hostiga. La Administración de Donald Trump endureció las relaciones con la Isla fortaleciendo el bloqueo e incluyéndola en la lista de “países que patrocinan el terrorismo”. Por ahora, nada de esto ha cambiado tras la llegada a la Casa Blanca de Joe Biden.



