El veterano actor, símbolo del arte dramático colombiano, falleció a los 84 años tras una valiente batalla contra el cáncer
Bogotá — La escena artística colombiana se cubre de luto tras la partida del reconocido actor Kepa Amuchástegui, quien falleció en la noche del martes 27 de mayo a los 84 años, dejando un legado inmenso en la televisión, el cine y el teatro nacional. Su deceso fue confirmado por su equipo de trabajo a través de un emotivo mensaje en redes sociales, donde señalaron que Kepa murió con un «respiro lento y sereno» a las 11:11 p. m., rodeado de calma.
Kepa, eternamente recordado por su papel como Roberto Mendoza, en Betty, la Fea, enfrentó en sus últimos meses una dura enfermedad: un cáncer en la vejiga que comprometió también uno de sus riñones y lo obligó a retirarse de los escenarios que tanto amó.
Nacido en Bogotá, hijo de inmigrantes vascos, Kepa Amuchástegui se definía como colombiano de nacimiento y sentimiento, una identidad que honró en cada uno de sus personajes y creaciones. Su carrera artística fue tan versátil como profunda, destacándose no solo como actor, sino también como director, escritor y formador de nuevas generaciones de artistas.
En teatro, dejó huella como uno de los pilares del montaje escénico en Colombia; en televisión, fue parte de grandes producciones que marcaron la historia de la pantalla nacional. En Betty, la Fea, su personaje fue sinónimo de ternura, sabiduría y dignidad paterna, elementos que traspasaron la ficción para instalarse en el corazón del país.
Fue a finales de abril cuando, con valentía, Amuchástegui compartió con el público su estado de salud. Relató cómo los primeros síntomas lo llevaron al diagnóstico del tumor maligno, y cómo una cirugía posterior lo dejó en una condición física muy frágil.
“Quedé en un estado de debilidad total y la recuperación ha sido muy lenta”, expresó en ese momento, agregando con dolor que ya no podría volver a actuar, dirigir ni escribir. Pidió entonces el apoyo de sus seguidores, en un acto de humildad y sinceridad que conmovió profundamente a sus colegas y admiradores.

Kepa Amuchástegui no fue solo un intérprete brillante; fue un pilar de la cultura. Su voz, su mirada profunda, su compromiso con el arte y con su país quedan grabados en la memoria colectiva. Colombia no solo pierde a un actor, pierde a un maestro, a un símbolo de entrega y pasión por contar historias.



