El término Don Juan señalaba hace algunos años a hombres y su forma de comportarse al conquistar de manera reiterativa a un sin número de mujeres. Fue la idea de Tirso de Molina (religioso mercedario), al dar vida a Don Juan Tenorio en la renombrada pieza teatral el burlador de sevilla y convidado de piedra, una de las obras de teatro más emblemáticas del Siglo de Oro español. Este personaje (narcisista), ha sido recreado insistentemente en la literatura Universal.
Hoy en día, este término se aplica también a la mujer que ante la reclamación de la igualdad con el hombre, se ha equiparado en este sentido.
El Don Juan (hombre-mujer), es incapaz de mantener relaciones profundas y duraderas, su máximo deseo es ganar la batalla no el sexo. Entre más difícil le resulte llegar a su objetivo, mayor será su ego. Se trata de un seductor arrogante, que no respeta ninguna ley divina o humana. Hoy en día por desgracia, toleramos sus abusos transformándolo en un personaje de reputación que, aunque dudosa, no deja de provocarnos una sonrisa.
En su época, fue calificado de poco masculino. La frivolidad en el barroco se consideraba una característica femenina. En la actualidad, este comportamiento lo observamos tanto en hombres como en mujeres y en relaciones homosexuales y heterosexuales. En definitiva, es adicto a la conquista, ya que mediante ella busca seguridad y confianza para su perjudicada autoestima. Por desgracia, esta búsqueda finaliza en un desafortunado estilo de vida dedicado a mantener una imagen idealizada de su propia persona.
Una vez que el Don Juan ha logrado su conquista, el objetivo seducido pierde su valor y deja de interesarle. Por tanto, se convierte en una especie de trofeo que gana a base de artimañas. No le importa utilizar cualquier técnica o táctica, con tal de lograr ese reto.
En la mujer que desea de manera desesperada que la quieran, se da el caso de una búsqueda constante de ese amor anhelado. Se entrega por ello, a relaciones sexuales esporádicas, que no se corresponden con el sentimiento profundo de amor que persigue. Caso, que nada tiene que ver con la ninfomanía o con la llamada satiriasis en el hombre.
En Occidente, el mito de Don Juan ha sido alimentado por la idea de que es más hombre quien conquista a más mujeres. La idea machista de que el varón se encuentra por encima de la mujer, ayuda a este fenómeno de permanente sensación de triunfo. Siempre antepone el interés personal al de los demás.
Es importante, pero nada fácil, aprender a conocer a este enemigo del amor que nos amputa la vida y destruye la condición valiosa y natural que poseemos, de saber amar de verdad. Tengamos presente, que el Don Juan se apodera de nuestra voluntad y se refresca en ella.
La rivalidad, el ya no te necesito, se adivinan, pero es una arbitrariedad que no deberíamos dejar pasar. Para eso existe la comunicación que bien planteada nos conducirá a un buen resultado, como fue el caso de Doña Inés. Deberíamos aprender a valorarnos y no permitir que nos humillen personas que como en la obra, hacen de la vida una eterna apuesta.




