La coyuntura ha resaltado y evidenciado que la economía y la salud de la población están fuertemente entrelazadas, el estado de la economía, el mercado laboral y los precios de los bienes y servicios pueden considerarse circunstancias con la capacidad de afectar la salud mental.
Los gobiernos y creadores de políticas públicas a nivel global están enfatizando en este fenómeno para diseñar estrategias que permitan un mejor abordaje de la epidemia global de salud mental.
Una epidemia que se manifiesta a través de pluralidad de patologías, desde trastornos del sueño, ansiedad, abuso de alcohol y otras drogas, trastornos alimenticios, hasta conductas violentas y manifestaciones de conducta antisocial, muy frecuentemente coexisten varias de estas patologías, fenómeno conocido como comorbilidad.
El espectro de enfermedades mentales es muy amplio, según varios expertos, el costo economico de las enfermedades mentales será mayor que el costo del cáncer, enfermedades respiratorias y diabetes juntas. Sin embargo, aún existe estigmatización hacia las personas que padecen alguna enfermedad mental, estigma que más allá de innecesario es perjudicial porque inhibe la búsqueda de ayuda profesional e intensifica el malestar del individuo.
Las políticas estratégicas para mejorar la salud mental complementadas con acceso a la alimentación y la educación pueden beneficiar notablemente los esfuerzos por reducir la pobreza, personas bien alimentadas, con salud física y mental, se educan mejor y pueden ser mucho más productivas.
Según el “Centre for Mental Health” los costos asociados a este tipo de enfermedades en los negocios supera los 36.5 Billones de Euros, 10% por rotación de personal, 60% por deterioro de la productividad y 30% por incapacidades prolongadas, cifras previas a la pandemia.
El tema de la economía de la salud mental gana especial relevancia en este contexto de pandemia, aislamiento y temor. El Covid-19 ha instalado miedo, pero además ha habido muchos cambios en la rutina y las dinámicas de interacción social, cambios donde la casa y distanciamiento social se ha convertido en el epicentro de las actividades.
El tratamiento mediático de la pandemia a nivel global ha aumentado los niveles de ansiedad, las personas también han experimentado miedo, irritabilidad y trastornos del sueño, situaciones que aumentan el nivel de estrés y pueden ser precursoras de un trastorno, pero además deterioran el sistema inmunológico lo que aumenta la vulnerabilidad hacia el virus.
En muchos casos las personas que han perdido su empleo y recurrido a la deuda para sobrevivir también sufren un deterioro significativo de su salud mental y subsecuentemente mayor vulnerabilidad a adquirir el virus y sufrir síntomas graves, abusar de sustancias o incluso cometer suicidio.
En países menos desarrollados las personas tienen poco acceso a cuidados especializados para este tipo de enfermedades. Afortunadamente la pandemia ha creado la oportunidad para que los expertos en el cuidado de la salud le den forma y ejecuten estrategias para impactar positivamente la salud mental global.
A nivel de cuidado personal, se conocen como factores protectores: La dieta balanceada, la practica de ejercicio regular, la buena higiene del sueño, no abusar de alimentos ni bebidas, abstenerse de usar dispositivos electrónicos antes de dormir y practicar ejercicios de relajación o meditación. ¿Qué estrategias y políticas podemos utilizar para ser más sanos y productivos?





