Se habla con tanta ligereza de la bipolaridad, que dicho adjetivo se le atribuye a cualquier persona por capricho. Este trastorno del que sabemos poco, es una enfermedad difícil de pronosticar que tiene una base médica seria.
El descubrimiento del trastorno bipolar fue logrado por Hipócrates, alrededor del año 400 a.C. Durante un período largo de tiempo, la superstición existente entonces de que las enfermedades mentales no tenían una base médica, dilató la búsqueda de resultados auténticos sobre enfermedades como la bipolaridad, tan nombrada hoy en día.
De 150 a 500 d.C. se sabía poco sobre ella y se atribuía a problemas graves como la mala sangre o la posesión demoníaca. Los pacientes eran encadenados y prescritos con “brebajes prodigiosos” e inclusive eran condenados a muerte compasiva.
Este trastorno, presenta episodios anímicos preocupantes, que fluctúan entre la irritabilidad incontrolada, la tristeza, el cansancio, la depresión y un vació interior tan agudo, que puede llevar al suicidio. Con frecuencia, se suele pasar repentinamente a un estado de euforia y energía, sin perder el contacto con la realidad. Ambos estados no se solucionan con medicamentos para patologías normales, ya que pueden aumentar y activar los ciclos bipolares, que agrandan la incapacidad de realizar actividades diarias.
Estos síntomas, pueden afectar en profundidad, las relaciones amorosas, sociales y laborales. Se sufre con frecuencia de migraña, trastornos alimentarios, problemas de alcohol o de síndrome metabólico. La ansiedad y los nervios son notorios por la manera de hablar continua y sin interrupciones, por hilar varias ideas a la vez y ocuparse en proyectos que jamás se realizaran. La impulsividad, conlleva a no medir las consecuencias de los actos y distorsionar o exagerar los motivos de lo sucedido. Los traumas sufridos durante la niñez, tienen mucho que ver.
Han sido varios los científicos alrededor del mundo que trabajando sobre esta enfermedad, han creado las bases teóricas de lo que es la bipolaridad en la actualidad.
A principios de 1900, Sigmund Freud, mediante el psicoanálisis, ayudó a pacientes con este trastorno, dictaminando que podían funcionar con normalidad, si se sometían a un tratamiento adecuado.
En 1949, el psiquiatra australiano John Cade, descubrió el primer tratamiento farmacológico de litio. Prueba real, de que el trastorno bipolar puede tener una base médica en lugar de ser solamente un trastorno mental. Creó también, las bases médicas sobre lo que es la bipolaridad moderna.
En 1952, “la reacción maníaco-depresiva” aparece en el primer Manual de diagnóstico estadístico de los trastornos mentales (DSM).
En 1968, en la segunda versión del DSM, el trastorno bipolar se llama «enfermedad maníaco-depresiva» (hasta que la palabra bipolar cogió fuerza). Esta fue la primera vez que la bipolaridad se definió como una enfermedad real que tiene una base médica. Por lo tanto, era posible realizar un tratamiento de esta crisis.
En 2004, se descubrió un gen que podría identificar personas propensas a sufrir este trastorno. Se constata entonces, que varias figuras destacadas del mundo, han padecido los síntomas de esta enfermedad mental. Entre ellos, Abraham Lincoln, Winston Churchill y Theodore Roosevelt. Escritores como León Tolstoi, Virginia Woolf y los músicos Haendel y Berlioz, entre otros.
Es importante conocer la historia del trastorno afectivo bipolar, llamado antiguamente psicosis maníaco-depresiva, para entender mejor a las personas que la sufren.



