Hace varios días están llegado a mi WhatsApp diferentes mensajes sobre Gustavo Petro, difíciles de creer. Todas estas “maravillas” juntas, no pueden convivir dentro de un mismo ser humano que según la opinión de muchos, es además de culto, un economista considerado de los mejores de latino-américa. Un hombre de bien, sobre el que no han prosperado ninguna de las denuncias hechas en su contra.
¿Por qué tanto miedo a este político solo porque es de izquierda?… ¿Es que un político que no sea de derecha en Colombia no tiene la potestad de gobernar ni de exponer sus tesis?
Cuando pienso que Colombia ha sido gobernada durante tantos años por políticos de derecha y me sumerjo en el desastre que ha sido nuestro país de origen durante tantos años, no distingo entre todos ellos, a uno solo que sin alimentar de parabienes su biografía, que sin enredarse en la verborrea de lo que se supone debe tener un gobernante nuestro, haya regido para todos y entre todos. Tanto es así, que el desastre actual provocado por la irresponsabilidad instalada en todas las instituciones del país, nos ha llevado a un resultado tardío (aunque dicen que nunca lo es), que está dejando muchos muertos, familias destrozadas, más pobreza y mucha desazón en el corazón de todos los que no entienden de que proviene todo lo que está sucediendo.
Culpar a Petro simplemente porque no pertenece a esa élite de antiguos mal llamados “de buena familia”, que nos han llevado al actual desastre nacional, es mal meter para seguir en las mismas. Es decir, los mismos con las mismas y el corbateo que nunca ha faltado, para que los “los de bien”, sigan engrosando sus bolsillos, sigan valiéndose de los tentáculos del poder, para maltratar y abusar de quienes no tienen los enchufes importantes que les permitan entrar en el juego del aprovechamiento.
Me pregunto: ¿Por qué no darle a Petro una oportunidad? A lo mejor nos sorprende. Tengo entendido, que es un hombre preparado como político, con nuevas ideas y es posible, con un programa de gobierno diferente que lleve a nuestro país por otro rumbo que mejore el desastre en el que está envuelto en la actualidad.
Dejémonos de pensar en colores políticos, en lo que me dijo el vecino que a lo mejor solo es lector de titulares o se las coge el vuelo y con el deseo verdadero de querer que Colombia resurja del polvorín, nos olvidamos de si no es lo guapo que se requiere, de si no viene del estatus social que para algunos es tan importante, de si me cae al hígado, de si es bajito, cojo o lo que nos queramos inventar, y aceptamos de una vez por todas, que es preparado, que tiene poder de convicción y que por ser diferente a todos los que nos han llevado hasta ahora por el camino del mal, a lo mejor nos sorprende para bien.
Los correos o mensajes que me han llegado, me hacen sospechar que Petro no es el diablo tal como lo pintan y que las noticias falsas que se difunden son producto del miedo que tienen los que NO están dispuestos a ceder el monopolio que tienen del país.



