Por motivos familiares mi destino de vacaciones de verano en los últimos años ha sido Saint-Malo, una pequeña ciudad corsaria en la costa norte de Francia, en la región de Bretana, a un poco más de mil kilómetros de Frankfurt.
Conduzco, tanto la ida como el regreso, en dos tramos, durante dos días, usualmente tomando rutas diferentes, para poder conocer y disfrutar del paisaje. Paso una noche en un pueblo francés, en un pequeño castillo en donde alquilan a muy buen precio habitaciones suficientemente cómodas.
Al llegar a Saint-Malo llaman dos cosas fuertemente la atención:
- Los movimientos de la marea son impresionantes: Cuando sube, las olas chocan brutalmente contra el malecón y cuando baja deja al descubierto una hermosa playa de varios kilómetros de longitud en la que se pueden hacer extensas caminatas, descansar, leer, jugar en la arena, hacer diferentes deportes o disfrutar de la vista.
- El centro histórico amurallado, que inevitablemente me recuerda a Cartagena de Indias. La muralla se remonta en sus tramos más antiguos a la Edad Media, aunque la mayor parte data del siglo XVIII.
Debido a la destrucción de esta zona durante la liberación de Saint-Malo en 1944, la mayor parte de intramuros está reconstruida en estilo, si bien quedan algunas calles con edificios que sobrevivieron y que remontan en algunos casos hasta el siglo XVI.
El Castillo de Saint Malo, ubicado intramuros, fue construido en 1424. Fue incluido en la lista de Monumentos Históricos en 1886 y hoy en día alberga el museo de historia de la ciudad y la sede del ayuntamiento.
La Catedral Saint-Vincent, también intramuros, de estilo gótico y románico, fue construida en el siglo XII y hoy en día es una mezcla de la antigua catedral y de la nueva, ya que ha tenido que ser restaurada en varias ocasiones.
A escasos metros de la muralla se encuentran las islas del Petit Bé y del Grand Bé; la primera se destaca por su imponente fuerte, y la segunda alberga la tumba de François-René de Chateaubriand, destacado hijo de la ciudad. A ellas se puede acceder a pie cuando la marea está baja.
En los alrededores de intramuros existen una serie de fuertes que protegían a la ciudad corsaria de los ataques marítimos enemigos. El imponente sistema defensivo se completaba con los fuertes de Harbour, de Aleth, de la Varde y especialmente el Fuerte de la Conchée.
El Fuerte de la Conchée es una obra maestra de la ingeniería militar francesa. Fue puesto en funcionamiento en 1705. Se encuentra a casi 4 kilómetros de la costa, ocupando un minúsculo islote rocoso en medio de la bahía sobre el que se edificó esta estructura defensiva.
En Saint-Servan se encuentran algunos monumentos de gran interés, como las ruinas de la catedral carolingia de Aleth, la Torre Solidor (Siglo XIV) o los restos del Fuerte de Aleth, donde los ocupantes nazis construyeron un importante conjunto de búnkeres para defender Saint-Malo.



