Estamos viendo con nuestros ojos la caída de Estados Unidos como primera potencia mundial. Lo que ha pasado en Afganistán es la exteriorización de una crisis que se ha venido generando al interior de ese país como consecuencia de la expansión de ideologías marxistas promovidas por una red globalista, de la que hacen parte universidades, medios de comunicación, Hollywood y grandes multinacionales que han venido trasladando sus inversiones a China. La cultura del antivalor se encuentra en auge dentro de este país, donde el patriotismo, la naturalidad, la familia, la espiritualidad y hasta la biología son atacadas agresivamente.
El gobierno de Joe Biden, cuya victoria electoral sigue siendo cuestionada, muestra indiferencia absoluta sobre los problemas graves que amenazan a los norteamericanos y tiene comportamientos dictatoriales frente a las preguntas que hacen medios de comunicación nacionales e internacionales que buscan indagar sobre las dificultades de política interna y externa.
Desde la toma del poder, el actual gobierno americano se encuentra comprometido con imponer la agenda de sus patrocinadores, la cual incluye, entre otros puntos, la promoción de la cultura sodomita, el neo racismo, el aborto y el ateísmo. En síntesis: la degradación humana. La incompetencia de Biden hace recordar algunas palabras plasmadas en los Protocolos de los Sabios de Zion:
“Los gobernantes elegidos entre el pueblo por nosotros mismos, debido a sus aptitudes serviles, serán individuos no preparados para el gobierno del país. Así, por este camino, vendrán a ser los peones de nuestro juego de ajedrez, fácilmente manejables por las manos de nuestros sabios y geniales consejeros de nuestros especialistas educados y formados desde su tierna edad en el manejo de los negocios de todo el mundo”.
En 1964, Ronald Reagan emitió un discurso en el que señaló a una élite pequeña de poderosos e intelectuales como la mayor amenaza para la humanidad y para Estados Unidos. Algunas de sus palabras fueron las siguientes:
“Estamos en guerra con el enemigo más poderoso que se ha enfrentado la humanidad en su largo camino desde el pantano hacia las estrellas. Y se ha dicho que, si perdemos esa guerra, y al hacerlo, perderemos esta forma de libertad nuestra. La historia recordará con el mayor de los asombros a aquellos que, teniendo mucho que perder, hicieron muy poco para prevenirlo. Pues bien, creo que es hora de preguntarnos si conocemos las libertades que pretendían para nosotros los Padres Fundadores. No hace mucho, dos amigos míos hablaban con un refugiado cubano, un empresario que escapaba de Castro. En medio de su relato, uno de mis amigos se dirigió al otro y le dijo: ‘no sabemos la suerte que tenemos’, y el cubano se detuvo y dijo: ‘¿Cuánta suerte tienes? Yo tenía un lugar a donde escapar. Si perdemos la libertad aquí, no habrá lugar a donde escapar. O creemos en nuestra capacidad de autogobierno o declaramos que una pequeña élite intelectual en una ciudad lejana pueda planear nuestras vidas por nosotros”.
Estados Unidos está sufriendo un ataque despiadado desde todos los frentes. Los valores americanos y la tradición cristiana, que son la columna vertebral que soporta a esta sociedad, han sido el objetivo principal de sus enemigos, quienes, de manera astuta, han usado métodos progresivos para ir desmoralizando a los ciudadanos e ir generando divisiones internas que lleven al caos. Parece que los comunistas y los capitalistas salvajes estuvieran unidos para este propósito: los primeros, destruyendo la tradición moral; los segundos, buscando el desorden para aumentar la especulación financiera.
Ni Rusia ni China ni las potencias del Golfo Pérsico aceptan la ideología de género y la teoría crítica del racismo, que son inventos de pseudointelectuales de oficina que sirven como armas de terrorismo moral y que se han convertido en el mayor cáncer que destruye a los americanos. Lastimosamente, en el momento en que necesitan a un líder con templanza y carácter, los globalistas les tomaron ventaja y les impusieron a Biden.




