El sociólogo, Guy Debord, en su libro: “La Sociedad del Espectáculo”, señala que en las sociedades, donde dominan los medios de producción masiva, la vida se presenta como una “inmensa acumulación de espectáculos”. En ellas, la realidad se vive a través de la proyección de una representación, en la que el “espectáculo” es parte de la sociedad y “un instrumento de unificación”.
La teoría de Debord puede ser aplicable al caso de la política colombiana, donde existe un exceso de protagonismo público de actores de la vida política, el cual, cada vez más, se asimila a la farándula de los artistas. No en vano, ahora está de moda que los artistas se confundan con políticos y funjan de estadistas.
Esta sociedad colombiana político-centrista, la cual siguen alimentando los medios de comunicación masiva y la propaganda, tiene un componente perjudicial para la productividad espiritual, económica e intelectual de la sociedad, porque el exceso de política mantiene a las personas en un pseudo-mundo que los mantiene distraídos con la ilusión de que la clase política resolverá sus problemas.
Un ejemplo de lo anterior podemos verlo en el departamento de Córdoba, que tiene una producción política totalmente desproporcionada con su nivel industrial y empresarial. Acaba de obtener 15 congresistas electos, pero, al mismo tiempo, tiene las siguientes estadísticas arrojadas por estudios del DANE: (i) es el cuarto departamento con mayor pobreza monetaria en el país con un 59,4%, junto a La Guajira, Chocó y Magdalena; y, (ii) está entre los diez departamentos con mayor pobreza multidimensional del país con un 31,8%. Es decir, este departamento tiene más políticos que industriales y que empresarios destacados a nivel nacional.
De manera consecuente con esa hiperinflación política, Colombia sufre un exceso de producción legislativa. Al hacer una analogía de las palabras usadas por el profesor, Juan Antonio García Amado, en relación con España: “estamos en un enloquecido proceso de inflación legislativa. Se legisla aceleradamente. Se dictan nuevas normas sin parar // todo el mundo quiere tener una ley de todo (ley de cómo mirar al vecino)”.
La gran mayoría de las leyes que se expiden actualmente son leyes de carácter simbólico. Lo único que pretenden es tener un efecto propagandístico, porque el legislador y los gobiernos quieren legitimarse fingiendo preocupación por un problema que pretenden solucionar a través de una ley. Sin embargo, en muchas ocasiones, esas leyes ni siquiera llegan a nacer a la vida jurídica, porque los mismos congresistas se encargan de hacer los proyectos de forma errada o errática, según el caso, para que sólo quede la impresión publicitaria marcada en el inconsciente humano, pero sin efecto material alguno, como ha sucedido con los proyectos anticorrupción o antiburocracia.
En otros casos de inflación legislativa, algunos partidos o líderes políticos buscan distorsionar las libertades a costa de satisfacer las ideologías caprichosas de sus seguidores fanáticos. Un ejemplo de esto puede verse en los reiterados intentos que algunas líderes políticas han tenido en Colombia, para impulsar una ley con excesiva carga de cuotas de género, donde, entre otras pretensiones, quieren que por ley el Congreso de la República se encuentre obligatoriamente integrado por hombres y mujeres repartidos en mitades iguales.
Proyectos de ley como los descritos en el párrafo anterior lo único que buscan es sacar provecho de un discurso que les permita aprovecharse de la ingenuidad de un sector social. En el caso de las cuotas de género en el Congreso, que por fuerza pretende incorporar mujeres a un sector que no es de preferencia femenina, nunca se tiene en cuenta la voluntad y las preferencias profesionales de ese género.
Para ser más preciso con idea anterior, tomaré como ejemplo dos estudios: primero, el Instituto Nacional de Estadística de España arrojó un análisis que demostró que las mujeres prefieren desarrollar labores en los campos de la educación, la salud y el servicio social, áreas donde tienen una participación predominante y mayoritaria frente a los hombres. Segundo, en México, la Oficina de Empleo publicó un informe sobre los trabajos que son de preferencia para las mujeres, entre ellos, la educación, la salud, el servicio social, la nutrición, el diseño, la química farmacéutica, la psicología, la pedagogía, las ciencias lingüísticas y la literatura, la terapia y la rehabilitación.
Según el profesor García Amado, este tipo de legislaciones simbólicas termina generando una “esquizofrenia legal de la sociedad”, donde se enloquece a las personas haciéndoles sentir la necesidad de una producción legislativa constante, que, en últimas, no van a respetar. En este mismo sentido, este exceso de políticos aprovecha este sistema para proponer o exigir normas que ellos tampoco van a cumplir, como sucede con los corruptos que proponen leyes más estrictas contra la corrupción, sólo para reflejar una proyección en el espectáculo público.
Lo descrito hace recordar algunas palabras de Guy Debord: “[e]l espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real, su decoración añadida. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real”.




