Cuando se acercan las elecciones presidenciales, empiezan los bulos. Con el objetivo de desacreditar, se agarran de lo superficial, hasta llegar al ridículo. Rechazan la esencia, y obnubilados, sin ninguna lógica, inventan desfavorables ficciones. No dejo de asombrarme ante el aluvión de desencadenados comentarios, que sin son ni ton se van expandiendo, para manchar la imagen del contrincante.
Que si Petro es el demonio hecho hombre, que si Verónica, le pegó a Petro con un palo, una sartén, una olla o un calabacín. ¡Qué barbaridad! Yo, los percibo enamorados, con la esencia alegre de la costa dentro de sus venas y con muchas ganas de sacar a Colombia del atolladero en que se encuentra.
Solo la mente desocupada de trastornados, fabrica semejantes disparates, propios de adolescentes. Mamarrachadas que preocupan. No han captado que el país está pidiendo auxilio en serio, y es Petro, el que ha despertado el deseo de cambio en un pueblo apagado, casi derrotado por la falta de empatía, de sentido común, de humanidad y de integridad, que han demostrado los diferentes mandatarios colombianos, y que a partir de los años setenta, con la entrada del narcotráfico a las instituciones presidenciales, se ha acrecentado.
Las ideas o propuestas del resto de candidatos para enderezar el rumbo de un país en bancarrota moral, social y monetaria, las están dejando para cuando, por aquellas “casualidades” de la vida, lleguen a la casa de Nariño, con sus guantes blancos, a seguir en lo mismo y que el pueblo aguante. Dudo que lo logren, dada la acogida que tienen las propuestas de Gustavo Petro Urrego, un administrador preparado académicamente, que ha bebido a chorros la realidad colombiana, en todos sus aspectos, y que a pesar de haber sido apaleado y desprestigiado, continua sumergido en el deseo político del cambio, para beneficio de todos. Con Francia Márquez (preparadísima), permitirán a los colombianos vivir dignamente sabroso, después de tantos años de pésimos gobiernos.
Estas personas que han sufrido en sus carnes la realidad colombiana, están más capacitados que cualquier hijo de papi que solo ha escuchado la versión adornada de sus progenitores, que siguen pensando que lo hicieron bien, tapandose la nariz, para que no llegue hasta ellos, el olor a putrefacción.
En cuatro años, dado el desbarajuste administrativo colombiano actual, no se puede llevar a cabo todo lo propuesto, pero si, empezar por limpiar de corruptos las instituciones, para ir higienizándolas. Si entre todos, vamos agregando granitos de arena, hasta sentir el aroma del nuevo aire, hasta sentir que el cambio se ha hecho realidad, pronto notaremos el resurgir de un pueblo perturbado. Las determinaciones de calado que haya que tomar: vías de comunicación, salud, educación, corrupción, que no es poco, las decidirá, el futuro presidente Petro, junto con su equipo de gobierno, como corresponde.
Tú no quieres a Colombia, buscas su destrucción, si no, estarías de nuestro lado (me reprochan). Nooooo… al contrario, por eso he decidido, dejar el continuismo de lado, y seguir desde la distancia, el sentir colectivo del pueblo raso, que desea progresar y vivir sabroso, en la tierra que les pertenece por ley natural. Los embaucadores, saqueadores de toda la vida, no pueden seguir metiéndole mano al patrimonio nacional, ni alimentar sus bolsillos, con enredadas tramas con narcotraficantes y delincuentes comunes.

