Soy amante del debate político y democrático, y me encanta ver como los candidatos en tiempos de elecciones esgrimen y sustentan propuestas para convencer los electores. Las noches electorales son emocionantes, asistir a la previa con comentadores de varios partidos políticos que a continuación van comentando los resultados y ver como la cordura democrática de los que pierdan y de los que ganan se impone juntamente con la buena educación de los intervinientes.
En Colombia, elegimos este domingo al nuevo Presidente de la Republica, no sé ustedes, pero yo no veo la hora que todo este proceso finalice. Nunca había asistido a una campaña electoral tan sucia y tan puerca como la que hemos visto de los próximos comicios electorales.
Es sorprendente el fanatismo y el culto de personalidad hacia este o aquel candidato, ya nadie se fija en sus propuestas. Aquí se trata de votar a favor de este y en contra de aquel sin mirar lo que piensan y cuál es el proyecto que desean implementar para el país. Queda claro que el que más sucio juega más tiene hipótesis de ganar y que los egos de los candidatos están tan elevado que no les importan el pueblo y por eso utilizan las estrategias más difamantes, mentirosas y calumniosas para destruir sus opositores y quienes los apoya.
Y así vamos a votar. En un ambiente de confrontación virtual donde el insulto y la intolerancia de los dos bandos es inaceptables, donde cada uno reproduce en sus páginas sociales lo que le interesa, teniendo en cuenta el candidato que defiende, aun siendo una fake news, sin importar la verdad y el daño que producen la repetición de mentiras en la reputación y dignidad de las personas.
Vamos a votar con rabia y hasta odio por el que piensa diferente, por el que tiene una opción ideológica diferente. Vamos a votar en un ambiente de hostilidad después de habernos insultado, maltratado y humillado. Vamos a votar amenazando a personas y ciudadanos, y hasta miembros de nuestra propia familia, por comentar y votar en un candidato diferente.
Los políticos lograron dividirnos, provocar una guerra mediática sucia y silenciar el verdadero debate democrático y político, de ideas y proyectos para nuestra amada nación. Dios permite que todo quede en una guerra mediática y no se pase a otra que significaría derramamiento de sangre con el irresponsable patrocinio de políticos ya elegidos para Senado y la Cámara de Representantes y otros amenazando con estallidos social.
Ambos candidatos colgaron sus propuestas en sus páginas sociales pero es evidente que sus secuaces estuvieron más preocupados por los videos amarillistas y sus funestas consecuencias.
¿El domingo será realmente el punto final a esta asquerosa situación política y social que vivimos por causas de nuestras absurdas pasiones y poca racionalidad? Votemos a conciencia y que Dios proteja nuestra amada Patria consagrada al Corazón de Jesús y a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá.



