Está encendida la polémica sobre la reforma a la salud. Es normal el miedo a este tipo de cambios, que estoy de acuerdo no deben ser improvisados, pero si darse.
Para nadie es un secreto que en relación al siglo pasado la cobertura y calidad de la salud en Colombia han mejorado. Hemos pasado de los hospitales de caridad a los asistenciales subsidiados con un pago tarifario. Igual es cierto que estamos lejísimos de ser de los mejores sistemas del mundo. Descarada mentira.
He venido recalcando y prueba de ello son mis anteriores columnas, que Colombia es rural. Rural que tenemos en el olvido, maltrato y nos avergüenza.
El acceso a la salud en esa Colombia rural es muy precario. La diarrea en Colombia alcanzó unos 12 millones de casos en el 2021, según el instituto nacional de salud – sin tener en cuenta el subregistro- y la mayoría las atiende el curandero del caserío, si acaso la madre del menor, por mencionar a los niños. Sin embargo las aseguradoras reciben el pago como seguramente pasa con muchas fórmulas que no se entregan completas, amén de que realizan y se ufanan de cubrir una cirugía de corazón o enfermedad de alto costo o ruinosa, que sea dicho lo hacen a través de un reaseguro, pero no atienden los millones de diarreas.
Además la diarrea produce una alteración de la economía y actividad laboral o cotidiana del núcleo familiar, que si la extrapolamos a la sociedad, se impactan negativamente los mismos renglones.
Las veredas, corregimientos no tienen acceso a la salud con oportunidad en casi un 100% y son tan humanos como el que vive en el más alto estrato capitalino; sin desconocer que la diferencia inhumana no está solo en lo rural, sino en las propias capitales existe y con miseria. La oportunidad y el acceso aceptable a la salud en Colombia aún están lejos de serlo.
La resignación no puede ser el soporte de que el sector privado lleve la batuta en salud. Es necesario pero complementario del público. Hoy esa proporción está invertida. Hay que reconocer el papel del sector privado en salud, no dejarlo tirado pero la balanza debe estar equilibrada y no someter a la mendicidad al paciente. Repito, no hay que resignarse a que lo privado es lo único que funciona, porque de ser así terminaremos con presidente privado.
Es ingenuo ignorar la puerta giratoria del dinero entre EPS e IPS, porque muchas aseguradoras son dueñas bajo cualquier figura, de ellas.
El puesto 81 que ocupa el sistema de salud de Colombia, según la prestigiosa revista científica The Lancet, hay que mejorarlo, sobre todo a la Colombia rural, teniendo en cuenta que no es sólo lo asistencial, sino la intervención del entorno que incluye agua potable, alcantarillado e incluso salud mental que abarca un sector muy amplio.
La reforma del sector salud en Colombia, comienza por la voluntad política de mejorarlo colocando en los neurálgicos cargos a personal serio, comprometido que entienda la dinámica de la prestación de los servicios de salud con sensibilidad. En pocas palabras que sean dolientes de lo de todos y no protector de intereses de unos pocos.

