En Lisboa, capital de Portugal, cerca de dos millones de jóvenes venidos de todas partes del mundo su alegría, diversidad y entusiasmo bofetearon aquellos que solo desean división, guerra, violencia, opresión fruto de sus corruptas intenciones egoístas de poder y de las dictaduras ideológicas que desean colonizar las mentes del mundo.
El Papa Francisco pronunció 9 discursos dirigidos a los jóvenes, pero también a toda la Iglesia Universal, y ha tenido expresiones fuertes que seguramente en vista del Sínodo de la Sinodalidad. El primer discurso el Papa llama la atención para una cuestión que tiene el mundo aterrorizado: “En el océano de la historia, estamos navegando en circunstancias críticas y tempestuosas, y percibimos la falta de rumbos valientes hacia la paz… Es preocupante cuando uno lee que en muchos lugares se invierte continuamente en armamento, en lugar de hacerlo en el futuro de los hijos”.
En la misa de acogida de los jóvenes el Papa fue enfático diciendo: “Amigos, quisiera ser claro con ustedes, que son alérgicos a la falsedad y a las palabras vacías: en la Iglesia, hay espacio para todos. Para todos. En la Iglesia, ninguno sobra. Ninguno está de más. Hay espacio para todos. Así como somos. Todos. Y eso Jesús lo dice claramente. Cuando manda a los apóstoles a llamar para el banquete de ese señor que lo había preparado, dice: «Vayan y traigan a todos», jóvenes y viejos, sanos, enfermos, justos y pecadores. ¡Todos, todos, todos! En la Iglesia hay lugar para todos. «Padre, pero yo soy un desgraciado, soy una desgraciada, ¿hay lugar para mí?». ¡Hay lugar para todos! Y esa es la Iglesia, la Madre de todos. Hay lugar para todos.
En Fátima a los pies de la Virgen volvió confirmó la voluntad de que la Iglesia sea para todos sin excepción afirmado que: “La pequeña capilla en la que nos encontramos es como una hermosa imagen de la Iglesia: acogedora, sin puertas. La Iglesia no tiene puertas, para que todos puedan entrar. Y aquí también podemos insistir en que todos puedan entrar, porque esta es la casa de la Madre, y una madre siempre tiene el corazón abierto para todos sus hijos, todos, todos, todos, sin exclusión”.
En la Vigilia el Santo Padre invito los jóvenes a levantarse ante las dificultades y apresuradamente ayudar a los demás a levantarse porque “El que permanece caído se «jubiló» de la vida ya, cerró, cerró la esperanza, clausuró la ilusión y ahí queda caído. Y cuando vemos alguno —amigos nuestros que están caídos—, ¿qué tenemos que hacer? Levantarlo. Fíjense cuando uno tiene que levantar o ayudar a levantar a una persona qué gesto hace: lo mira de arriba hacia abajo. La única oportunidad, el único momento que es lícito mirar a una persona de arriba abajo es para ayudar a levantarse”.
En la misa del envío invitó a los jóvenes a no tener miedo y a ser misioneros y anunciadores de la alegría, del amor, de la paz y signos de esperanza comprometidos con el evangelio: “Queridos jóvenes, quisiera mirar a los ojos a cada uno de ustedes y decirles: no tengan miedo. No tengan miedo. Es más, les digo algo muy hermoso, ya no soy yo, es Jesús mismo quien los está mirando en este momento. Nos está mirando. Él los conoce, conoce el corazón de cada uno de ustedes, conoce la vida de cada uno de ustedes, conoce las alegrías, conoce las tristezas, los éxitos y los fracasos, conoce el corazón de ustedes. Lee vuestros corazones y Él hoy les dice, aquí, en Lisboa, en esta Jornada Mundial de la Juventud: «No tengan miedo». Anímense, «no tengan miedo».



