Cuando llegué a Sincelejo desde Cali, tras un año trabajando en Todelar Cartagena y Radio Ciudad de Cartagena, me encontré con un panorama radial vibrante, en constante crecimiento. La radio en Sucre era el epicentro de la información y el entretenimiento, dominada por personalidades inolvidables como Miguel Salcedo Vergara, un locutor y periodista cuyo estilo audaz y sensacionalista lo convirtió en el dueño absoluto de la sintonía. Hoy, Miguel ya no está entre nosotros, pero su legado persiste.
Sin embargo, no todo era tan brillante como parecía. Desde el primer momento, me sorprendió descubrir un gran lunar negro: la mayoría de las emisoras y noticieros estaban controlados por políticos locales, lo que comprometía la imparcialidad y la calidad de la información que recibían los oyentes. La objetividad era una rareza.
La lista de emisoras pintaba un cuadro de poder político arraigado: Radio Costanera era propiedad de José “Joselito” Guerra de la Espriella; Radio Piragua pertenecía a su tío, Julio Guerra Tulena; el doctor Carlos Martínez Simahan manejaba su noticiero en Radio Sábanas, apoyado por un aliado conservador y acaudalado; y Radio Chacurí estaba en manos del senador Gustavo Dajer Chadid, quien dirigía el programa Radio Periódico Informando. Por otro lado, emisoras como Radio Sincelejo, de la familia Gómez Jiménez, o Ecos de la Sierra Flor, de Olga de Ángulo, se mantenían al margen de las batallas políticas, con un enfoque más neutral.
Aun así, la politización era el pan de cada día. Álvaro García Romero, quien era fórmula para la Cámara de Representantes del dueño de Radio Chacurí, rompió relaciones con su jefe político y decidió aspirar al Senado. Compró Radio Caracolí como plataforma para atacar a sus oponentes. Los editoriales radiales se convertían en trincheras desde donde se denunciaban las más descaradas corruptelas.
Fue en ese contexto que me reencontré con un compañero de estudios, quien emocionado por nuestra reunión, me presentó al senador Gustavo Dajer y a Marino Angelone, un visionario que falleció recientemente. Ambos me ofrecieron la dirección de Radio Chacurí, una oportunidad que acepté con la emoción de ser parte de aquel complejo mundo.
Durante el tiempo en que Miguel Salcedo dirigió el noticiero, la emisora gozó de una sintonía excepcional. Tras su muerte, recayó en mí la responsabilidad de mantener ese nivel, un desafío colosal. Salcedo, con su destreza, redactaba y leía las noticias, mientras los editoriales eran elaborados por escritores anónimos. Entre ellos, destacaba un político beligerante y sagaz que, desde Radio Piragua, lograba conmover y desafiar con su elocuencia e ironía.
La caída de la clase política que controlaba las ondas hertzianas marcó el principio del fin para la radio sucreña. Muchas emisoras fueron vendidas: Radio Chacurí terminó en manos de una iglesia evangélica, Radio Piragua fue silenciada, y otras como Ecos de la Sierra Flor y Radio Sábanas desaparecieron. Mientras tanto, emisoras emblemáticas como Radio Majagual y Radio Sincelejo sobreviven, pero con programaciones débiles y poco atractivas.
El declive obligó a los oyentes sucreños a buscar nuevas alternativas en emisoras nacionales como la W Radio o estaciones en FM. Por su parte, los periodistas migraron hacia las redes sociales, adaptándose a un nuevo ecosistema digital que poco guarda de la esencia de aquellos años dorados.
”¡Qué tiempos aquellos!”, pienso con nostalgia. La radio sucreña contaba con grandes voces como Carlos Martínez Ortiz, Carlos Cohen, Mariluz, Ayda Barreto, Walter Fortich y Rafael Medina Corrales, quienes dejaron una huella imborrable en el corazón de los oyentes.
A pesar de su agonía en Sucre, la radio sigue siendo el medio de comunicación más penetrante en Colombia. No obstante, en este departamento, donde alguna vez fue un faro de información y cultura, su luz se apaga lentamente, dejando un vacío difícil de llenar.

