El reciente incidente en el hospital de Saravena, en Arauca, donde un soldado herido por el grupo narcoterrorista ELN no recibió atención inmediata por parte del personal médico, es una muestra alarmante de negligencia y falta de compromiso con el deber ético de salvar vidas.
Según informes de la unidad militar, el Soldado profesional Santiago Isaza Moreno fue trasladado de urgencia al centro asistencial tras ser impactado por un francotirador. Sin embargo, las imágenes difundidas por diferentes redes sociales muestran cómo sus compañeros tuvieron que ingresar al hospital para sacar una camilla y trasladarlo al interior, ante la inacción del personal de salud.
Este comportamiento es inaceptable y va en contra de los principios fundamentales de la medicina y la humanidad. El personal de salud tiene la responsabilidad de brindar atención oportuna y adecuada a todos los pacientes, sin discriminación alguna. La omisión en este caso pudo haber contribuido al desenlace fatal del Soldado Isaza Moreno, quien falleció posteriormente debido a la gravedad de sus heridas.
Aquí es donde algunos replantean el estribillo de nuestra oración patria: “Y llegado el caso. Morir por defenderte” Pero en estas circunstancias, ¿acaso si valdrá la pena arriesgar la vida por una población indolente? Es imperativo que las autoridades competentes inicien una investigación exhaustiva para determinar las responsabilidades y aplicar las sanciones correspondientes.
La confianza en el sistema de salud se ve gravemente afectada cuando ocurren hechos de esta naturaleza, y es deber de las instituciones garantizar que no se repitan estas situaciones que ponen en riesgo la vida de quienes le sirven fielmente a la patria. Quizás puedo entender el miedo del personal médico ante las represalias de los subversivos, pero ¿acaso su misión no es salvar vidas? Un héroe de la Patria murió por defender a personas como ellos quienes le negaron la atención médica. Ya pasaron 24 horas de ocurridos los hechos y no he visto, leído o escuchado a nadie levantar su voz. Pues en mi calidad de reserva de la fuerza pública con indignación y dolor digo: ¡NOS ESTAN MATANDO! para el caso del soldado profesional Santiago Isaza Moreno, lo dejaron morir y quedo grabado.
Es cierto que este caso pone en evidencia la difícil situación de seguridad en la región de Arauca, donde los ataques a miembros de la fuerza pública son recurrentes, pero es también cierto que la comunidad médica debe estar preparada para responder con profesionalismo y ética ante emergencias, incluso en contextos de conflicto.
La vida de quienes nos protegen no puede depender de la voluntad o temor del personal de salud. Es momento de exigir responsabilidad y compromiso en todos los niveles, para que situaciones como esta no se repitan y para honrar la memoria de aquellos que sacrifican todo por nuestra seguridad. Paz en la tumba de ese héroe de la Patria que pese a estar defendiendo a la población araucana lo dejaron morir por falta de atención medica. Descanse en Paz.

