Un imprevisto aguacero despertó este lunes 5 de mayo a Cartagena de Indias. No fueron solo truenos y calles anegadas: fue también el retrato de una ciudad que sigue sin estar preparada para enfrentar una temporada de lluvias que apenas comienza.
Desde las primeras horas de la mañana, las tormentas se adelantaron y tomaron por sorpresa a miles de cartageneros, especialmente a los más vulnerables. En zonas como Bocachica, no solo el agua entró a las casas: también quedó interrumpido el derecho a estudiar en condiciones dignas.
“Los jóvenes no tienen aulas estables y cada vez que llueve, se inundan. Así no se puede aprender”, denunció Ana Mendoza, lideresa comunitaria de la isla, quien pidió atención urgente de las autoridades.
Mientras tanto, en el centro histórico y los barrios residenciales, las calles se convirtieron en ríos y el sistema de transporte masivo Transcaribe reportó retrasos en al menos siete rutas claves. Aunque hubo buena afluencia de pasajeros, muchas estaciones presentaron acumulación de agua, lo que comprometió la operación y dejó a cientos de ciudadanos esperando bajo la lluvia.
Según el IDEAM, este episodio es apenas el comienzo. La primera temporada de lluvias de 2025, que se extenderá hasta junio, podría provocar un aumento del 40% en las precipitaciones en la región Caribe, elevando el riesgo de inundaciones, deslizamientos y colapsos de servicios básicos.
El impacto climático también se refleja en las cifras: sectores como La Boquilla, Olaya Herrera, El Pozón y Nelson Mandela ya reportan afectaciones, y los pronósticos indican que lo peor podría estar por venir.
Pese a los llamados del IDEAM y los organismos de socorro, la ciudad aún carece de un plan de emergencia articulado que incluya soluciones estructurales, drenajes funcionales y atención prioritaria a comunidades insulares como Bocachica, donde la lluvia sigue siendo sinónimo de abandono.



