“…la fiscal con unas audiencias cansadas y atontadas por tanta minucia del proceso, exclamaron sin humo blanco no HABEMUS PAPA, pero si con humo negro, HABEMUS FALLO…”
El país ya entró en su máxima expresión de Locolombia, la izquierda baila al ritmo que más le guste y la derecha en sentadilla profiriendo diferentes clases de epítetos en contra de la Juez, la fiscal, y el propio gobierno. Por no ser abogado, sino economista, recurrimos a abogados con conocimientos jurídicos dando sus opiniones tecinas y escuchamos a los de estirpe politiquero alegando que quieren apartar y acabar con Uribe del espectro político y observando otros sectores particulares y de prensa, con desagradables argumentos de odio de género, por ser la fiscal y la juez mujeres a cargo del juicio, que han tomado tal decisión de condenar al expresidente por dos delitos, soborno en actuación penal y fraude procesal.
Tenemos que mirar los sucesos desde otra óptica, y desde el inicio de la lectura del fallo se pudo observar en las expresiones faciales que sucedería, allí no había alegría, pero sí mucha sorpresa, miedo y tristeza, y es que con solo ver sus expresiones se podía determinar que las micro y macro expresiones, nos estaban señalando el final, como así sucedió irremediablemente.
Los colombianos por efectos del chisme y lleva y trae somos expertos en interpretar expresiones faciales, o la lectura de labios, y ello no es un cuento, es habilidad social, y al observar los ojos, cejas y boca de Uribe y su abogado Granados, se pudo saber el desenlace final antes de la ocho horas y media que duró el espectáculo mundial, cuando la jueza y la fiscal con alocuciones de cansancio y atontadas por tanta minucia del proceso, exclamaron sin humo blanco no HABEMUS PAPA, pero si con humo negro, HABEMUS FALLO.
Dicen los sabiondos de la jurisprudencia, que la tragicomedia del espectáculo tiene mucha más connotación política que jurídica, sin ser Uribe un santo, tampoco es un demonio, es un político con ideas claras que desea a toda costa imponer sus criterios y a su alrededor tiene un número de simpatizantes, como sucede actualmente con el presidente Petro, quien estuvo en prisión desde el 24 de octubre de 1985 hasta febrero de 1987, en una condena de 20 meses por el delito de porte ilegal de armas, y su partido, el M-19 participó en 1985 de la toma del Palacio de justicia, y hoy, contra viento y marea es el presidente de los colombianos.
Lo anterior significa que los que ahora palpitan de emociones alegres por el veredicto de culpable, no tiren guirnaldas al espectro ya que la memoria histórica es irrefutable y todos tienen de ancho como de angosto, y hay del que tire la primera piedra y se esconda ya que todos los expresidentes de nuestro país han tenido actuaciones buenas y malas y solicitar una pena superior a nueve años de prisión en caso de que se declare la culpabilidad del expresidente, es un exabrupto.
El fallo contra Uribe ha tenido reacciones de todo tipo, éste viernes 1 de agosto 2025 se dará a la luz la pena. La Fiscalía pide prisión intramural de nueve años, la defensa la pena mínima de seis años con domiciliaria o libertad condicional, pero todo está lejos de culminar, la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá recibirá la apelación que tendrá que resolver antes del 19 de octubre de 2025, pero en una eventual confirmación o negación de la condena, una de las partes, ya sean del acusado, la Fiscalía o los representantes de víctimas, apelarán dicho fallo y éste pasará a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, y como arte de magia, se reinicia el proceso con cinco años nuevos de plazo y pare de contar.
Así que prudencia para las partes, Colombia ya no resiste más enfrentamientos políticos, y el bumerang regresa al lanzarse.



