Con solo 16 años, David Rua sobrevivió al accidente que dejó 17 muertos en Antioquia. Herido y en shock, escaló una pendiente de más de 60 metros para pedir ayuda y salvar vidas.
El relato de David Rua Vallejo, uno de los sobrevivientes del trágico accidente del bus que transportaba estudiantes del Liceo Antioqueño de Bello de regreso a Medellín tras una excursión de grado en Santiago de Tolú, Sucre, revela una cadena de advertencias previas que hoy son materia de investigación.
Según el joven, el automotor presentó fallas desde antes de iniciar el recorrido. “Desde el hotel se reportaron fallas de batería, del aire y del motor”, aseguró, señalando que incluso retiraron la batería del bus para recargarla antes de salir. Durante el trayecto, el aire acondicionado no funcionaba correctamente, generando una sensación sofocante en el interior del automotor.
“El aire estaba muy pesado, no se alcanzaba a respirar bien. Sentí que algo andaba mal”, relató David. Para mitigar la situación, el conductor mantuvo la puerta abierta y las rendijas del techo destapadas mientras el bus avanzaba por carretera.
El momento del accidente quedó grabado en la memoria del joven. “Me despierto frente a un sonido y un temblor muy aterrador. Cuando abro los ojos, miro cómo todo empieza a levitar y en ese momento me doy cuenta de que estamos cayendo a algún vacío”, narró.
Instintivamente, David se protegió acurrucándose en posición fetal debajo de la silla. “Cuando cierro los ojos se escuchan todos los estruendos. Sentí golpes por todo el cuerpo, pero ninguno tan fuerte”, recordó.
Viajaba en la parte media del bus, cerca a una ventana del lado izquierdo. Tras el impacto, logró salir por sus propios medios y se encontró con una escena devastadora: oscuridad total, gritos de auxilio y cuerpos sin vida entre los restos del vehículo.
Pese al dolor y el cansancio extremo, David reaccionó. “Empiezo a escuchar los gritos de ayuda y veo también, lamentablemente, compañeros muertos. Ahí me doy cuenta de que yo estoy bien y que puedo ayudar”, contó.
Sin pensarlo, comenzó a socorrer a sus compañeros heridos, sacando a varios de debajo del bus y de entre los árboles. Su fortaleza, asegura, provenía de la fe. “Cada vez que ayudaba a alguien le pedía a Dios fuerzas para seguir. Le decía: ‘Señor, dame un poco más de tiempo, un poco más de fuerza’”.
Luego de auxiliar a varios jóvenes, David emprendió una peligrosa caminata cuesta arriba hasta la carretera para pedir ayuda. Escaló una pendiente de más de 60 metros y permaneció cerca de una hora intentando detener vehículos. El bus terminó en un abismo de la vía Remedios-Zaragoza, a la altura del sector Belén, de Remedios.
“Pasaban más de 100 vehículos: tractomulas, camiones, motos, carros… nos veían, pero ninguno paraba”, relató. Finalmente, una tractomula se detuvo y permitió activar el rescate, una acción que fue clave para evitar que el número de víctimas aumentara.
La tragedia dejó 17 personas fallecidas: 16 estudiantes y el conductor, además de más de 20 heridos, un hecho que mantiene de luto a Antioquia y a todo el país.
David, quien hoy enfrenta lesiones leves y un profundo impacto emocional por la pérdida de sus amigos, envió un mensaje de esperanza. “No pierdan la fe ni la esperanza. Dios sabe lo que hace y todo tiene una razón”, expresó.
Minutos antes del siniestro, el ambiente dentro del bus era completamente distinto. “Íbamos hablando, riéndonos, escuchando música. Todo el mundo estaba feliz, disfrutando el regreso a Medellín”, recordó.
Los cuerpos de los 17 fallecidos en el trágico accidente ocurrido la madrugada del domingo 14 de diciembre en las vías de Antioquia, no podrán ser cremados hasta que la investigación para esclarecer las causas de este avancen más, así lo ha determinado la Fiscalía General de la Nación.


