El máximo respeto al presidente Uribe, por todo lo que hizo en su tiempo para salvar este país, porque fue así: lo salvó. De igual manera, el máximo reproche al expresidente Uribe por lo que no es capaz de hacer hoy por este país. Es tan evidente el daño que hace Uribe en esta sensible elección presidencial, que comienzo a preguntarme, con toda consideración, por la salud mental del expresidente.
Sabido es que, con el tiempo, las circunvoluciones cerebrales se van alisando y perdiendo su otrora capacidad, dependiendo de múltiples factores, entre ellos genéticos, alimenticios, exposiciones ambientales y otros.
Es increíble que persista Álvaro Uribe Vélez en intervenir en política al extremo de opacar, como siempre, a sus candidatos; en este caso, candidata, que queda, como en mejores tiempos lo fue Iván Duque, en el papel de títere de teatro barato. La ridiculez en las toldas del Centro Democrático raya en la anencefalia, donde el candidato parece ser el expresidente Uribe. Triste para él, triste para la candidata Paloma Valencia, triste para los seguidores, que cada vez son menos.
Pareciera que las cosas están tan reventadas en el Centro Democrático, lo que corrobora la retirada de la honorable, coherente y valiente senadora María Fernanda Cabal, así como el dolido e igualmente usado y pateado Miguel Uribe Londoño, quien, con su doble dolor a cuestas, intenta hacer de tripas corazones por dignidad. No son los únicos. La coz al brillante y leal exsenador Santiago Valencia, hijo de Fabio Valencia Cossio —lo que duele un hijo—, fue desquiciada.
La actitud de Álvaro Uribe Vélez, dentro de la fisiología, es inadmitida. No es posible colocar el prefijo normo, porque no encaja. Allí, neurofisiológicamente, hay un desbalance.
Es de tal tamaño, acompañado, por supuesto, de la negación, que pareciera haber señales de Uribe de que, al no garantizar una permeabilidad y manejo del hoy candidato Abelardo de la Espriella, prefiriera que se alce con el triunfo Iván Cepeda. Recordemos que más que la boca, hablan los actos.
Esto está grave. Para Trump, Colombia no es trasnocho, pero ¿Qué estará pensando al respecto? Me mantengo en que, con o sin Uribe, los candidatos de derecha hoy en el ruedo presidencial no son ganadores, porque no tienen la capacidad siquiera de interlocución con el centro. Aun así, no les da la gana de ver a un líder sin egos, como lo es Francisco Santos Calderón, ex vicepresidente de la República, quien, por su trayectoria, ha sido interlocutor del centro político del país, por supuesto con representación de la derecha y la centroderecha, no siendo un muro de prevenciones para los sectores del centro, que terminarán —los votantes— definiendo esta elección.
Uribe, enceguecido, no ve nada de eso y entrega, en su soledad, el país a una izquierda recalcitrante. El egoísmo psíquico del respetado presidente Uribe lo arrincona a la soledad, mientras los cuatro irresponsables que lo rodean, en adulación, se embriagan con la fantasía y no afrontan la realidad.
Hoy está Uribe como la vaca muerta en mitad de la vía: ni pa’ lante ni pa’ atrás. Pobre Colombia, pobre Uribe. Un hombre grande que, sin saber con qué propósito, le juega a la soledad. Si eso es lo que quiere, lo está logrando con honores, pero cargado de la vergüenza que la historia no perdona reseñar: haber entregado a Colombia a quienes la destruirán. «Tocaba la lira mientras Roma ardía en llamas».





