La opinión siempre será libertad, con su grado de subjetividad e implícito análisis. Se desdibujó la política en Colombia, aquella de cifras estadísticas, discursos futuristas pero aterrizados en desarrollo y profundidad, cual Álvaro Gómez Hurtado, Luis Carlos Galán, Carlos Lleras Restrepo, Eduardo Santos y hasta el mismo Belisario Betancur.
Esto pasó a manos de una serie de influencers y, ante todo, payasos que en la costa llamamos “moricongos”. Nada sustancial en las tarimas. Lo peor es que nos toca tragarnos esos cursileros sapos. En aspiraciones al Congreso, ni qué decir. Van de la mano de la Presidencia. ¡Qué impotencia!
El descaro es tal y la inversión de valores ha llegado a tal punto que quienes pedimos no solo forma, sino fondo, somos bichos raros a los que hay que apartar. No vamos por buen camino, donde lo importante son los egos y “el putas”; incluso ganar, si no es como ellos dicen y como se les meta en la hueca cabeza, no es extraño sacrificar la victoria por el psiquiátrico y enfermizo capricho.
Lo que llama la atención es que mentes pensantes, como Germán Vargas Lleras, permanezcan impávidas ante la catástrofe. ¿Será por su salud personal? Pero igual están otros que toman la misma actitud. ¿Qué es lo que pasa?
No hay candidatos presidenciales. No es de extrañar que el psiquiátrico de Gustavo Petro se invente, a último minuto, algo creyéndose irremplazable y omnipotente, y pretenda quedarse en el poder. Nada es descabellado pensarlo de Petro. Comenzó a hablar de golpe de Estado faltando unos meses para terminar su mandato.
Nada de esto pasará si la derecha fuera seria y no estuviera cundida de circo. No les dio la reverenda gana de ver al ex vicepresidente Francisco Santos, quien tiene alto reconocimiento en todo el país, maneja un discurso estadístico y social de centro derecha, tiene experiencia, está preparado; no es ningún “pelado” —léase muchacho— ni tampoco un anciano de bastón en mano. Es quien puede tomar las riendas de este país. Pero no: sus caprichos prefieren entregar el país a Iván Cepeda, Roy Barreras y su combo izquierdoso, también cundido de payasos, pero con poder, a los cuales les va a votar el centro, que no se acercará jamás a lo que ellos llaman extrema derecha.
Descuadran la balanza y se perdió Colombia por culpa de los caprichos acerebrales de una derecha que nunca entendió la transición generacional. En el momento que vive el país, esa transición la garantiza un candidato con visión de nación, sin cargas extremas y que guíe por el camino correcto de la estabilización a toda una nación que, estoy seguro, conduciría con solvencia Francisco Santos.
Los lentes de cuero de Álvaro Uribe no lo dejan ver, y hasta dirá, sin resquemores, que a su edad le importa un pito lo que pase con este terruño. Porque eso es lo que dicen sus actos, independientemente de lo que exprese su boca.
Con el país lleno de Simón Bolívar con Petro y sus peligrosos locos, y “Jesucristo” —que es como ve Paloma Valencia a su ídolo Uribe, y él se lo cree— podemos concluir: esto se jodió, porque de los serios y viables nadie se atrevió.





