El Comité de Seguimiento Electoral realizado en la Gobernación de Sucre dejó un mensaje político claro: el proceso electoral no está en riesgo, pero sí enfrenta tensiones derivadas del cumplimiento desigual de responsabilidades entre los distintos niveles territoriales.
La sesión, presidida por el secretario general Andrés Vivero León y la secretaria del Interior Mileicy Barrios Chávez, se convirtió en un escenario donde confluyeron dos realidades: la solidez del andamiaje institucional para blindar la jornada democrática y las falencias administrativas de varias alcaldías frente a obligaciones logísticas claramente establecidas por ley.
El momento de mayor carga política se produjo tras la intervención de la Procuraduría. Ante los reportes de la Registraduría sobre retrasos en la entrega de espacios, transporte, conectividad y mobiliario electoral, la procuradora judicial Indira Revollo fue categórica: el apoyo municipal no es una concesión política, es un deber legal.

El señalamiento tuvo efectos inmediatos. De los 26 alcaldes convocados, solo dos asistieron personalmente. La ausencia mayoritaria no pasó inadvertida y fue interpretada como un mensaje político preocupante en un momento donde la confianza electoral exige señales de compromiso visible.
La advertencia de eventuales procesos disciplinarios marca un precedente: el Ministerio Público asume un rol activo y preventivo, elevando el costo político del incumplimiento administrativo en pleno año electoral.
La Gobernación adoptó una posición de equilibrio estratégico. Por un lado, respaldó la verificación estricta del cumplimiento municipal; por otro, explicó las limitaciones presupuestales derivadas de la emergencia climática en el Golfo de Morrosquillo y La Mojana.
Sin embargo, el mensaje final fue inequívoco: las dificultades financieras no pueden traducirse en omisiones frente al proceso electoral. En términos políticos, la administración departamental buscó evitar que el debate se trasladara al terreno de la confrontación intergubernamental, preservando la narrativa de estabilidad institucional.
El despliegue del Plan Democracia, con refuerzos que alcanzan cerca de mil hombres adicionales, envía una señal política relevante: el Estado hará presencia efectiva en zonas con antecedentes de riesgo o conflictividad.
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El nivel de riesgo 3 (acción prioritaria) informado por la Defensoría del Pueblo refuerza esa lectura. Municipios como El Roble y San Onofre, así como sectores rurales estratégicos, entran en el radar nacional como territorios sensibles. En este contexto, la negativa de los mandos militares a modificar el esquema estructural aprobado deja claro que la seguridad electoral se define desde criterios técnicos, no desde presiones locales.

El delegado del Ministerio del Interior introdujo un elemento político central al recordar que las elecciones son un proceso de Estado y no de gobierno. La frase, más allá de lo protocolario, delimita responsabilidades y previene intentos de instrumentalización partidista del Comité.
La Fiscalía, con 56 fiscales disponibles para delitos electorales, y la Procuraduría, con advertencias disciplinarias en curso, configuran un entorno de vigilancia reforzada donde el margen para irregularidades se reduce significativamente.
El Comité dejó una conclusión clara: la estructura institucional está operando, pero la presión recae ahora sobre las administraciones municipales que deben responder con hechos y no con declaraciones.
En términos políticos, el mensaje es doble:
- La democracia en Sucre cuenta con respaldo institucional sólido.
- El incumplimiento administrativo en materia electoral tendrá consecuencias.
El proceso no está en crisis, pero sí bajo escrutinio. En año electoral, cada omisión adquiere dimensión política. La transparencia dejó de ser un discurso y pasó a convertirse en un indicador de gobernabilidad territorial.





