En el corazón de Sampués, cuna de tradición artesanal y memoria viva, conversamos con el maestro Leonardo Gamarra Romero, autor del reconocido porro “Imágenes”. En esta entrevista, el compositor abre su historia personal y creativa, revelando cómo el trabajo, el silencio y las emociones más profundas se transformaron en música.
En Sampués el tiempo no corre… se teje. Yo lo he visto pasar así, despacio, entre manos de artesanos, entre el ir y venir del sombrero vueltiao, entre el polvo caliente de las calles. Aquí la vida no se apura, se queda en la memoria. Aquí vivo yo, Leonardo Gamarra Romero. Y aquí he resistido.
Camino con bastón, es verdad. El cuerpo ya no es el mismo. Pero el espíritu… ese sigue firme. Siempre lo digo: “Una cosa es el cuerpo y otra es el espíritu…”. Y no lo digo por decirlo. Lo digo porque todavía compongo.
Yo nací en Sincé, en 1940. En esos tiempos la vida no era fácil, pero era clara: había que trabajar. Vengo de familia de esfuerzo, de levantarse temprano y no esperar nada regalado. Estudié, aprendí mecánica diésel en El Carmen de Bolívar y me fui abriendo camino. Trabajé en el aeropuerto de Barranquilla, en Caterpillar, en fincas… hice represas, arreglé caminos y operé maquinaria pesada.
Mi historia empezó con grasa en las manos, no con una guitarra. Pero la música… la música siempre estuvo ahí. Como una idea que no se iba, como una melodía que uno no escucha del todo, pero que sabe que existe.
He hecho muchas canciones. No sabría decir cuántas exactamente… unas 200, tal vez; cerca de 100 registradas. Pero uno no anda contando canciones. Eso es como contar recuerdos. Hay una que me marcó. No la nombro como canción… la siento como historia: “Imágenes”.
Esa historia empezó en un cementerio. Yo había perdido a mi compadre, Fernando Iriarte. El dolor lo lleva a uno a lugares donde el alma se queda quieta. Y ahí, en medio de ese silencio, apareció ella: Liliana Atencia. Venía de Bogotá, estudiaba música, tocaba saxofón. Tenía una forma de hablar, de contar su vida… que a mí me llegó.
“A mí me impresionó mucho su historia…”. Eso no se me olvida. Yo era un hombre casado. Sabía muy bien que ese sentimiento no tenía camino, pero tampoco podía hacer como si no existiera. Era algo callado, muy adentro. Nunca se lo dije. Nunca hizo falta. Porque yo hago una cosa con lo que no se puede decir: lo convierto en música.
Un porro que nació como suspiro: así nació “Imágenes”. No fue que me senté a escribir una canción. Fue que eso salió solo, como un suspiro que se volvió porro. Todavía puedo decir esos versos:
“Fundadora de esperanzas así de pena,
tejedora de ilusiones y de cuentos,
quiero darte un ramito de azucena
y cantarte con todo mi sentimiento…”
Eso no es solo letra. Eso es lo que uno siente cuando no puede hablar. “Imágenes” es eso: una confesión que nunca se hizo, pero que quedó sonando. Hoy camino despacio. La hernia discal me recuerda que el tiempo pasa. Pero la cabeza… esa sigue trabajando. Sigo componiendo, sigo recordando, sigo sintiendo, porque hay cosas que no se gastan. Ese lugar de donde salen las canciones… ese sigue intacto.
Liliana sigue ahí, en mi vida, pero de otra manera. Con respeto, con cariño, como tenía que ser. Las historias no siempre terminan. A veces solo cambian, como la música. Cuando uno ha vivido lo que ha vivido, no necesita hablar mucho. Yo siempre digo lo mismo: “Que Dios los bendiga”. Y con eso basta.
Porque al final, uno entiende que la vida es eso: cosas que no se dicen, pero se cantan… dolores que no se explican, pero se vuelven porro… y recuerdos que no se olvidan… porque siguen sonando.



