Las cifras no mienten, pero sí incomodan. El más reciente informe del DANE vuelve a poner a Cartagena de Indias contra la pared: 13,8% de desempleo, muy por encima del promedio nacional. No es un accidente estadístico. Es la confirmación de que algo estructural no está funcionando en la ciudad que hoy administra Dumek Turbay Paz.
Porque mientras el discurso oficial insiste en vender una Cartagena dinámica, en recuperación y llena de oportunidades, la realidad laboral cuenta otra historia: más de la mitad de los ocupados sobreviven en el “rebusque”. No hay épica en eso. Hay precariedad.
La pregunta es inevitable: ¿cuál es la ciudad que nos están mostrando y cuál es la que realmente estamos viviendo? Se habla de turismo en crecimiento, de inversión, de eventos, de proyección internacional. Pero ese dinamismo no está aterrizando en empleos formales ni en mejores condiciones de vida. La economía se mueve, sí, pero no necesariamente eleva a la gente. El crecimiento, en Cartagena, parece quedarse en vitrinas y no en los bolsillos. Y ahí es donde la gestión empieza a ser cuestionable.
Porque gobernar no es solo mostrar indicadores macro o inaugurar agendas. Gobernar es transformar realidades. Y hoy, la realidad es que 210 mil personas trabajan sin contrato, sin seguridad social y sin estabilidad. Eso no es emprendimiento: es falta de alternativas.
El dato del desempleo juvenil —25%— debería ser suficiente para encender todas las alarmas en cualquier administración seria. Una ciudad que no le ofrece oportunidades a sus jóvenes está hipotecando su futuro. Sin embargo, no hay señales claras de una política contundente que enfrente este problema de raíz.
Mientras tanto, otras ciudades del Caribe como Barranquilla y Valledupar avanzan con mejores indicadores. No porque no tengan dificultades, sino porque han logrado articular mejor su crecimiento con la generación de empleo de calidad. Cartagena de Indias, en cambio, sigue atrapada en un modelo económico que reproduce informalidad. Aquí no basta con celebrar que la informalidad bajó algunos puntos. Cuando casi la mitad de la fuerza laboral sigue siendo informal, el problema sigue intacto.
Entonces, la discusión de fondo no es técnica, es política. ¿Dónde está la estrategia de empleo de esta administración? ¿Cuál es el plan para formalizar la economía? ¿Cómo se está aprovechando el potencial turístico e industrial para generar trabajos dignos?
Hasta ahora, las respuestas no son visibles en las cifras. La capital de Bolívar necesita resultados. Porque una cosa es la ciudad que se promociona en escenarios institucionales y otra muy distinta es la que cada día enfrenta el desempleo, la informalidad y la falta de oportunidades y mientras esa brecha siga creciendo, la pregunta seguirá vigente, incómoda y necesaria: ¿Cuál es la Cartagena que nos quieren vender y por qué no coincide con la que vivimos?



