El suroccidente colombiano permanece bajo vigilancia científica y de gestión del riesgo. Mientras las autoridades evalúan los efectos del terremoto de magnitud 7,4 registrado este lunes 10 de agosto en el occidente del país, el volcán Puracé, en el departamento del Cauca, continúa mostrando señales de actividad y volvió a registrar emisiones de ceniza.
La coincidencia temporal entre ambos fenómenos ha generado inquietud entre las comunidades asentadas en el área de influencia de la cadena volcánica Los Coconucos. Sin embargo, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) ha mantenido una posición clara: por ahora no existe evidencia científica que permita establecer una relación directa entre el terremoto y el comportamiento reciente del Puracé.
El más reciente boletín extraordinario del SGC, emitido este lunes 10 de agosto a las 2:25 de la tarde, confirmó que el volcán permanece en alerta Naranja. Según el organismo, desde las 2:00 de la tarde del domingo y hasta la publicación del informe se registraron cinco emisiones de ceniza, con una altura máxima aproximada de 700 metros sobre el cráter. Algunas de estas emisiones fueron observadas por habitantes de las veredas Cristales y Alto Anambío, en jurisdicción del municipio de Puracé.
El dato resulta determinante para interpretar correctamente la situación: la actividad volcánica no comenzó después del terremoto. El Puracé ya atravesaba un proceso de inestabilidad que llevó al SGC a elevar su nivel de alerta de Amarilla a Naranja el pasado 1 de agosto.
La situación actual no puede analizarse exclusivamente a partir del terremoto. Desde el 20 de julio, el SGC había advertido un incremento progresivo de diferentes parámetros asociados con la actividad del Puracé. Los sistemas de monitoreo detectaron un aumento de la energía sísmica, modificaciones en la temperatura de las emisiones y mayores concentraciones de gases volcánicos.
En ese proceso se observaron columnas de gas y ceniza de hasta 3.400 metros sobre la cima, con temperaturas estimadas cercanas a los 140 grados centígrados. También se registraron emisiones de dióxido de azufre de hasta 4.200 toneladas por día, valores que, de acuerdo con el seguimiento del SGC, se encuentran entre los más elevados detectados desde el inicio del monitoreo sistemático del volcán en 1993.
El volcán ya estaba activo, presentaba una tendencia de incremento en varios parámetros y permanecía bajo vigilancia reforzada antes del movimiento telúrico.
- ¿Pudo el terremoto influir en el Puracé?
La coincidencia entre ambos fenómenos abre una pregunta legítima desde el punto de vista geológico: ¿un terremoto de gran magnitud puede modificar el comportamiento de un volcán que ya se encontraba en actividad?
En determinadas circunstancias, un sismo de gran magnitud puede modificar temporalmente los esfuerzos y las presiones dentro de estructuras geológicas, además de generar perturbaciones en sistemas hidrotermales, fracturas y reservorios de fluidos, sin embargo, esa posibilidad teórica no equivale a demostrar una relación causal ni significa que un terremoto pueda desencadenar automáticamente una erupción.
- La diferencia es fundamental.
En el caso del Puracé, la evidencia disponible indica que el proceso de incremento de actividad comenzó antes del terremoto. Por esa razón, la coincidencia temporal entre ambos acontecimientos debe ser objeto de observación científica, pero no puede presentarse como una relación causa-efecto sin evidencia que la sustente.
La atención de los especialistas estará puesta ahora en determinar si, después del gran movimiento telúrico, se producen modificaciones significativas o anómalas en variables como la sismicidad volcánica, el tremor, la deformación del terreno, las emisiones de gases y la dinámica de las columnas de ceniza.
- Alerta Naranja: una advertencia que exige prevención
La alerta Naranja no significa que el Puracé necesariamente vaya a entrar en erupción. Significa que la probabilidad de una erupción es superior a la existente en condiciones normales y que el comportamiento del volcán requiere vigilancia permanente.
En este contexto, el SGC ha reiterado el llamado a las comunidades para que no se acerquen a las partes altas de los volcanes Puracé, Piocollo y Curiquinga, debido al riesgo asociado con emisiones súbitas de gases y ceniza y otros fenómenos que pueden representar peligro para la vida.
El Puracé se encuentra aproximadamente a 27 kilómetros al suroriente de Popayán y forma parte de la cadena volcánica Los Coconucos, integrada por 15 centros volcánicos. Su última erupción de magnitud considerable ocurrió en marzo de 1977, aunque el registro geológico muestra otros episodios eruptivos de menor escala.
El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Popayán dispone de una amplia red de monitoreo, con estaciones destinadas a registrar en tiempo real variables sísmicas, geodésicas, geoquímicas y otras señales relacionadas con la actividad volcánica.
- Ceniza, videos y redes sociales: la información también importa
Durante la jornada, fotografías y videos de las emisiones del Puracé comenzaron a circular ampliamente en redes sociales, generando preocupación entre habitantes del Cauca y de otros departamentos del suroccidente colombiano.
Pero en escenarios de riesgo geológico, una imagen viral no puede sustituir la información científica. La magnitud de una columna de ceniza, su duración o incluso su apariencia pueden ser interpretadas de manera equivocada cuando se analizan de forma aislada. Por eso, el SGC ha insistido en la necesidad de contrastar cualquier información con sus boletines oficiales y con los reportes de las autoridades encargadas de la gestión del riesgo.
La responsabilidad informativa es especialmente importante en momentos como este: los hechos comprobados deben mantenerse separados de las hipótesis que todavía están bajo investigación.
Colombia enfrenta actualmente un escenario que exige máxima atención. Por un lado, las autoridades trabajan para responder a las consecuencias del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente del país. Por otro, el Puracé mantiene una condición de alerta Naranja y continúa mostrando señales de actividad volcánica.
Ambos fenómenos coinciden en el tiempo, pero no existe, hasta ahora, evidencia suficiente para afirmar que uno haya provocado el otro. Lo que sí está confirmado es que el Puracé atraviesa un periodo de actividad que comenzó a intensificarse antes del terremoto y que requiere seguimiento permanente.
La prioridad, por ahora, no es el pánico. Es la vigilancia científica, la prevención, la atención a las recomendaciones de las autoridades y la disciplina informativa.
Mientras el Puracé continúa expresando su actividad a través de gases, ceniza y señales sísmicas, los ojos de Colombia permanecen puestos sobre el Cauca.



