El gigantesco incendio que consumió cuatro establecimientos comerciales en el sector de La Concepciòn, frente al Centro Comercial La Plazuela, no puede quedar reducido a un balance de daños materiales, máquinas desplegadas y organismos de socorro que finalmente lograron controlar las llamas. Detrás de esta emergencia hay una situación que merece una discusión de fondo: ¿está Cartagena preparada para enfrentar incendios de grandes proporciones en sus zonas comerciales?
El incendio dejó al descubierto la falta de hidrantes y de un suministro permanente de agua en el área donde se produjo la emergencia. No se trata de una observación menor ni de una dificultad operativa que pueda pasar inadvertida. Se trata de una condición que puede marcar la diferencia entre controlar oportunamente un incendio o permitir que avance hasta convertirse en una tragedia de mayores dimensiones. Cuando los bomberos tienen que buscar agua mientras el fuego avanza, algo está fallando en la capacidad de respuesta de la ciudad.
Mientras las máquinas agotaban sus reservas, las unidades debían desplazarse para localizar puntos de abastecimiento, recargar los tanques y regresar a combatir las llamas. Entretanto, el incendio continuaba creciendo. Cada desplazamiento representaba tiempo. Y en una emergencia de semejante magnitud, el tiempo es un factor determinante.
La situación obliga a formular preguntas que las autoridades distritales no deberían esquivar: ¿cuántos hidrantes están disponibles y operativos en las zonas comerciales de Cartagena?, ¿cuándo fue la última inspección técnica de esa infraestructura?, ¿existe un inventario actualizado de los puntos de abastecimiento?, ¿la red tiene capacidad para responder a una conflagración de grandes proporciones?
No basta con disponer de máquinas, equipos y unidades bomberiles si no existen las condiciones de infraestructura necesarias para garantizar su funcionamiento durante una emergencia.
La respuesta de los organismos de socorro fue considerable. Seis máquinas y 45 unidades del Cuerpo Oficial de Bomberos participaron en la operación, que también requirió apoyo de otros municipios, la Sociedad Portuaria, la Gobernación de Bolívar y distintas dependencias del Distrito. Aguas de Cartagena tuvo que facilitar una conexión al sistema de acueducto y dispuso de dos vehículos tipo camel, con una capacidad conjunta de 14.000 litros de agua.
Ese despliegue merece reconocimiento. Sin embargo, también plantea una reflexión: ¿por qué una emergencia de esta naturaleza tuvo que enfrentar dificultades de abastecimiento que obligaron a buscar soluciones adicionales mientras las llamas consumían establecimientos comerciales?

El incendio afectó cuatro negocios, entre ellos El Gigante del Hogar, una ferretería donde funcionaba un establecimiento de resinas y pinturas, una sede de Súper Giros y una compra-venta. La presencia de materiales combustibles aumentó la complejidad de la operación. Las causas de la conflagración, que comenzó en el establecimiento de resinas y pinturas, permanecen bajo investigación y corresponde a los especialistas establecer su origen.
Afortunadamente, el reporte preliminar no daba cuenta de personas heridas. Pero la ausencia de víctimas no debe convertirse en una razón para pasar la página sin examinar las fallas y dificultades que quedaron expuestas.
Cartagena es una ciudad con una intensa actividad comercial, establecimientos de almacenamiento, bodegas, ferreterías y negocios que manejan materiales potencialmente inflamables. Esa realidad exige una infraestructura contra incendios acorde con los riesgos existentes, no respuestas improvisadas cuando la emergencia ya está en marcha.
La administración distrital, el Cuerpo Oficial de Bomberos y las entidades responsables de los servicios públicos tienen la obligación de revisar las condiciones de abastecimiento de agua para la atención de incendios. También deben establecer si los hidrantes existentes son suficientes, si funcionan correctamente y si su distribución responde a las necesidades de cada sector.
No se trata de buscar culpables anticipadamente ni de desconocer el trabajo de quienes arriesgaron su vida para controlar las llamas. Se trata de exigir explicaciones, diagnósticos técnicos y soluciones concretas.
La prevención no puede comenzar cuando aparece el humo, ni la infraestructura para atender emergencias puede depender de conexiones extraordinarias y de la solidaridad institucional.
Este incendio deja una advertencia que Cartagena no debería ignorar: los bomberos necesitan máquinas, equipos, personal capacitado y, sobre todo, agua suficiente y disponible cuando más se necesita porque cuando las llamas amenazan vidas, empleos y patrimonios, no hay margen para descubrir que falta un hidrante o que el suministro de agua no es suficiente. Cartagena necesita respuestas antes del próximo incendio, no explicaciones después de otra emergencia.




