“…Hoy en día, el nuevo presidente De la Espriella es blanco predilecto de los insensatos; muchos desean que fracase su gobierno. No hay derecho. Dejen trabajar al Tigre…”
Nuestro país entra en una nueva etapa de gobierno y es normal que los cambios produzcan resquemores en los perdedores; esa ha sido la constante en nuestra patria. Preocupa cómo aflora en todas sus dimensiones la irreverencia politiquera, sin importar sucesos como los acaecidos con el desafortunado terremoto que ha afectado a miles de compatriotas. A pesar de ello, muchos desequilibrados mentales asumen posturas desafiantes contra cualquier decisión, actuación o postura de quienes están al mando de la gobernanza.
La llegada al poder del empresario y abogado Abelardo de la Espriella —coloquialmente autodenominado “el Tigre”— tiene muchas aristas derivadas de las malas decisiones del gobierno anterior. Creemos que uno de sus principales errores se dio en la Gran Manzana cuando, al culminar la Asamblea General de la ONU, Petro se imaginó que estaba en la Plaza de Bolívar en Bogotá o en el Malecón del Río en Barranquilla, y se fue en contra del gobierno de Donald Trump e incitó a los soldados estadounidenses a desobedecer las órdenes de su jefe supremo.
Aunado a lo anterior, se suman los innumerables casos de corrupción, las respuestas incoherentes, los constantes cambios de ministros y los excesos de confianza con los grupos al margen de la ley a través del proyecto de la “Paz Total”. Asimismo, se cuenta lo que el país ya comentaba sobre el candidato del gobierno, Iván Cepeda, un político forjado en la izquierda neta, y sobre la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia Laserna, nieta del expresidente (1958) Guillermo León Valencia. A ambos les faltaba carisma, empatía, visión de Estado y liderazgo, contando únicamente con el ego de tener a Petro y a Uribe como sus respectivos jefes.
El “Tigre”, asesorado por Trump, Milei y Bukele, entre otros, se centró en la extrema derecha. Ganó con una estrecha diferencia gracias a un léxico que gustó a muchos, ademanes estudiados para demostrar firmeza y aprovechando el desencanto y rechazo hacia Gustavo Petro y la izquierda. Esto atrajo especialmente al sector empresarial y a grupos financieros nacionales y mundiales, quienes aportaron el capital suficiente para lograr el triunfo de la campaña del Tigre.
Si a De la Espriella le va mal, sufrimos los colombianos. Repasemos la historia de unos cuantos expresidentes y cómo terminaron; cada quien efectuará su propio análisis una vez culminado el mandato que acaba de iniciar.
- César Gaviria Trujillo (1990–1994): Al finalizar su gobierno, no faltaron miles de críticas al fallar en los modelos de seguridad contra el narcotráfico, el mal diseño de la famosa apertura económica, la crisis de los servicios públicos y energéticos, y la fuga de Pablo Escobar de La Catedral en 1992.
- Ernesto Samper Pizano (1994–1998): El famoso escándalo del Proceso 8000 fue su principal cuestionamiento, el cual derivó en severas secuelas en la institucionalidad y en un aislamiento internacional que incidió en el desmoronamiento de nuestra economía y el deterioro de la seguridad.
- Andrés Pastrana Arango (1998–2002): Al finalizar su mandato, quedó el sinsabor de su eslogan “Cambio para construir la paz”, y ante la Comisión de la Verdad no pudo explicar la violencia desencadenada durante su cuatrienio.
- Álvaro Uribe Vélez (2002–2010): El mundo conoce los sucesos ocurridos durante sus periodos de gobierno. Su principal escándalo se dio con las ejecuciones extrajudiciales, llamadas “falsos positivos”, aunado a los espionajes ilegales a periodistas y magistrados, y a los señalamientos de presuntos vínculos con grupos paramilitares.
- Juan Manuel Santos Calderón (2010–2018): Muy a pesar de lograr el Premio Nobel de la Paz por los acuerdos con las FARC, la crítica de sus opositores fue implacable por refrendar dichos acuerdos cuando el «No» ganó en el plebiscito del 2 de octubre de 2016. Se añade a su gestión el famoso caso Odebrecht, por el ingreso de dineros ilícitos a su campaña.
- Iván Duque Márquez (2018–2022): El eje principal de las críticas en su contra se derivó de los escándalos de corrupción y la falta de transparencia en la ejecución de los recursos para atender la pandemia del COVID-19. Esto se sumó al desmesurado manejo del clientelismo regional, las masivas protestas sociales entre 2019 y 2021, y el florecimiento de la mal llamada “Ñeñepolítica”.
- Gustavo Petro Urrego (2022–2026): Sus críticos se centran en el alto déficit fiscal, dejado en el orden del 7,8 % del PIB; los desaciertos en la famosa Paz Total; los conocidos escándalos de corrupción en varias entidades como la UNGRD; la acentuada polarización política; y una renovación sin precedentes en su equipo de gobierno, con más de 65 cambios y un promedio de 1,5 ministros nuevos cada mes, lo que demostró una deficiente gobernanza.
Hoy en día, el nuevo presidente De la Espriella es blanco predilecto de los insensatos; muchos desean que fracase su gobierno. No hay derecho. Dejen trabajar al Tigre.



