“Tatiana NO va a ser una víctima más olvidada, la estamos buscando y la vamos a encontrar. Necesitamos su ayuda YA”. — Laura Hernández Gutiérrez, prima de Tatiana Hernández.
Con esas palabras, cargadas de rabia, dolor e impotencia, Laura Hernández Gutiérrez, encendió las alarmas en redes sociales sobre una verdad incómoda: en Cartagena, los desaparecidos siguen multiplicándose mientras las respuestas siguen faltando. Tatiana Hernández, su prima, estudiante de medicina de 23 años, desapareció el pasado 13 de abril en una playa a la entrada de Bocagrande. Desde entonces, su nombre se suma a una lista que parece crecer con escalofriante frecuencia.
El caso de Tatiana podría haber pasado como otro más entre tantos que duelen en silencio, si no fuera por un nuevo giro: una imagen captada por una cámara de seguridad podría ser la clave para reconstruir los últimos minutos en los que fue vista. Un video, que hasta el momento permanece bajo custodia de las autoridades, y sobre el cual ni siquiera la familia tiene acceso directo.
“Me dijeron que posiblemente se ve a Tatiana, pero ni eso me confirmaron. Todo es muy confuso…”, dijo su madre, Lucy Díaz, en una entrevista con Caracol Radio. Lo poco que saben es que un comerciante entregó el material a los investigadores, pero se negó a dar detalles por «seguridad».
En medio del suspenso, surgen más preguntas que respuestas. Y la más dolorosa de todas es la que lanzó Laura Hernández sin rodeos: “¿Desaparecieron o los desaparecieron?”.
La crítica es directa y punzante: las cámaras de seguridad en Cartagena no funcionan cuando más se necesitan. No es la primera vez. Años atrás, familias destrozadas por desapariciones y crímenes han escuchado el mismo estribillo oficial: “la cámara estaba dañada”. ¿Cuántas vidas más tienen que perderse para que el Distrito de Cartagena actúe con eficacia y transparencia?
La desaparición de Tatiana no es un hecho aislado. En los últimos meses, otros jóvenes también han desaparecido en la ciudad. Sin patrones claros, sin rostros visibles detrás de los crímenes, sin respuestas. ¿Se trata de una red criminal? ¿Trata de personas? ¿O simples casos sin conexión? Mientras tanto, las autoridades parecen moverse con lentitud, atadas por la burocracia y el miedo a admitir una falla estructural que pone en riesgo la vida de los ciudadanos.
La Armada Nacional ha desplegado operativos de búsqueda, incluso en áreas costeras y cuerpos de agua, pero la familia insiste: no es suficiente. “Tati, tenemos que perdonar a quienes te tienen. Aquí te esperamos con amor y esperanza”, dijo su madre en medio de la angustia, sin perder la fe.
Cartagena está en vilo. Y Tatiana Hernández, símbolo de tantas otras víctimas sin justicia, aún no aparece. El tiempo avanza, el silencio se espesa… y la pregunta de Laura Hernández sigue retumbando como un eco incómodo en el corazón de la ciudad: ¿Desaparecieron… o los desaparecieron?

