Hay temas complejos que nos cuesta trabajo abordar o entender, recuerdo que cuando era una niña apenas si se mencionaban las historias relacionadas con la conducta suicida, era algo casi que prohibido de lo que no se hablaba abiertamente, seguramente por el estigma y la discriminación que se genera alrededor de esto.
Más de 800 mil personas mueren cada año por suicidio en todo el mundo, los hombres se suicidan más que las mujeres, se cree que es porque ellos eligen métodos más eficaces para acabar con su vida, en cambio las mujeres lo intentan con mayor frecuencia, pero con menos éxito.
Los conflictos con la pareja (o expareja), problemas económicos y el maltrato físico, psicológico o sexual, la depresión u otro trastorno mental están entre las causas más frecuentes en este país; y son las personas jóvenes quienes están mayormente afectadas. En niños, niñas y adolescentes la causa puede ser el fracaso escolar, el acoso o los problemas intrafamiliares.
Lo que más llama la atención es que el suicidio es prevenible, y las personas generalmente muestran señales del sufrimiento emocional que sienten, por ejemplo, se aíslan socialmente, tienen cambios bruscos en el estado de ánimo, o en el caso de los niños, se vuelven agresivos y muy emocionales.
La escucha activa es una herramienta valiosa si queremos ayudar a alguien que tenga un comportamiento sospechoso, acompañar a esa persona constantemente, abrazarle y mostrarle nuestro afecto puede hacer la diferencia. Si la persona tiene un trastorno mental como la depresión, es muy importante la ayuda de un profesional en salud mental.
La visibilización del problema es el primer paso para nosotros como sociedad, bajo el entendido de que este es un problema de salud pública que debe ser abordado de manera intersectorial.



