Si continuamos pensando que somos gusanos atados a lo material y sin valores, continuaremos siéndolo. Si lográramos captar la capacidad que tenemos para cambiar este concepto, ese acierto nos proporcionaría estabilidad emocional y discernimiento, ignorando que poseemos ese enorme contenido cerebral, desaprovechamos nuestra existencia en la búsqueda de sueños que si no se realizan, nos colocan de espaldas al mundo y su realidad.
Anhelando que el azar nos ilusione, vivimos metidos en contradicciones e inquietudes que jamás terminan. Nunca encontraremos en lo material (incluidos los billonarios), la felicidad completa. Cualquier día, la guadaña nos hará carantoñas, dirigirá nuestras vidas hacia otros mundos y quedaremos a merced de la incertidumbre más grande.
La juventud, mal orientada, rebusca la felicidad en el alcohol, fiestas desordenadas y en el sexo sin control. También, en las armas, en las nuevas tecnologías y en lo que perjudica su salud y de quienes conviven con ellos. Ni siquiera son conscientes de que es lo que los mueve a seguir sosteniendo esas actitudes irreverentes. A otros, los devora la informática, en todos los aspectos. No dan para más.
Los placeres momentáneos pasan y se van, pero los años llegan y la muerte asoma aunque el progreso vuele. Los avances científicos inventados para controlar el mundo, las fuerzas de la naturaleza, nuestra vida etcétera, demuestran la enorme capacidad que tenemos los seres humanos para llegar a la conquista de nuestras metas. Pero, olvidados de que mente y cuerpo deben unirse para lograr un crecimiento espiritual a nuestra manera, que rompa cualquier barrera y nos sitúe en el camino exacto donde encontrar lo que perseguimos, permitimos la entrada de quienes quieren imponernos sus credos.
La libertad de pensamiento, con un respeto a las ideas de otros, sería la clave para un mejor entendimiento. Deberíamos aplicar en nuestra corta estadía, el sentimiento espiritual que necesitemos o en el cual creamos, para hacernos más felices y coger fuerza y confianza en nuestra forma de actuar.
Mientras ese crecimiento espiritual no sea incluido en la lista de prioridades, y sigamos empeñados en priorizar lo material, la vida emprenderá su vuelo hacia esa otra dimensión, sin apenas darnos cuenta de que lo trascendental es la conjugación de espíritu, mente y cuerpo. Sería la manera de proceder de forma correcta con nosotros mismos y con los demás.
Es preocupante, que la juventud pierda su tiempo en divagaciones y se olvide de la parte espiritual, para seguir los pasos del llamado orden mundial, dirigidos por mandados inconscientes. No soy pesimista, pero cerrar los ojos ante hechos evidentes, es comulgar con la barbarie y la desfachatez impuestas.
Ejemplo latente: Los científicos han logrado las vacunas, los gobiernos están esforzándose en contener los contagios, pero la Covid-19 baila, bebe y disfruta entre jóvenes y mayores, cuya rebeldía ha llegado a extremos intolerables (convirtiéndose en portadores potenciales del maldito virus). Otra irresponsabilidad excesiva conquistada por quienes atesoran billones, y tratada sin valor por personas con ínfulas de poder a quienes hacen creer herederos de una inteligencia superior. Pirámide donde siguen ganando los billones, y el resto son fracasados.



