Esta semana he estado pensando en infinidad de temas, he tenido la cabeza grande, como diríamos vulgarmente en la costa, comparto aquí con ustedes algunas de esas diatribas mentales, para que, por favor me ayuden a llevar la carga.
Aquí va la primera:
- Si un político roba, no es un político, es un ladrón
- Si un venezolano mata, no es un venezolano, es un asesino
- Si un doctor viola, no es un doctor, es un violador
- Si un periodista miente, no es un periodista, es un mentiroso
- Si una pareja agrede a su pareja, no es una pareja, es un agresor
- Si un presidente es un tirano, no es un presidente, es un tirano
- Y así sucesivamente…
No debemos acostumbrarnos a adjetivar sobre las personas por su oficio base o nacionalidad, sino por el apellido que estos mismos le dan a ellos. No vale la pena desgastar los oficios, o las nacionalidades, cuando tenemos adjetivos tan claros para denominar a quien comete un delito. De esa manera no deshonramos ni los oficios, ni las instituciones, ni las nacionalidades, quién delinque lo hace a partir de una decisión propia, y no por algo inherente a su oficio, o nacionalidad.
Hemos escuchado inclusive en los sabios labios de Jesús, la expresión “sepulcros blanqueados”, con la que podemos dar base al planteamiento anterior, no quiere decir que todos seamos santos, obviamente, tenemos nuestros demonios, sólo que algunos trabajamos todos los días en ellos, para que no nos gobiernen.
La segunda:
- Nada te llevarás cuando te marches… pero si dejarás huella, depende de ti, cuál…
Basta pasar de los cuarenta para darnos cuenta de los matices de la vida real, lo digo porque antes de esa edad, al menos yo, me sentía inmortal, pero ya empecé a decir adiós a seres muy especiales, que distaban por poco o por mucho, de mi generación, seres por los que sentí, y tengo que decirlo, seguiré sintiendo afecto, aunque ya no estén en este plano. Algunos se han ido dejándome grandes tesoros, más allá de lo material, tesoros que llevaré en mi memoria para siempre, por eso he decido que debo empezar a liberarme de la prisa, quisiera a partir de ahora, saborear cada cucharada del postre con tranquilidad; si antes no me interesaba en lo más mínimo el reconocimiento, ahora si que menos me importa, quiero ser yo quien siga reconociendo a esos seres que generan cosas bonitas en mi interior, y aprovechar el aliento que me quede para seguir disfrutando de ellos, mucho más.
La tercera:
- De la soledad y otros demonios…
Creo que la pandemia se ha convertido en el caballo de Troya que ha acentuado la soledad de quienes vivimos “solos”, nunca antes había experimentado una batalla tan campal con tantos demonios al mismo tiempo, pero encontré una llave que quiero compartir contigo, por si a veces te sientes aterrado, como me ha pasado a mi, aprendí a crear un ambiente agradable para luego tirarme sobre la cama en posición cómoda con los ojos cerrados, para repetir infinita y mentalmente: lo siento, perdóname, gracias, te amo… cuándo vuelvo en sí, créeme, veo el mundo otra vez de colores, recargo de manera positiva mi soledad, porque de una u otra forma agradezco lo que amo, lo que me rodea, entiendo que debo ser benévolo conmigo antes que con los demás. Una de las formas de serlo, es frenar en seco a las angustias, y ponerle a la mente palabras positivas para darle chance de flotar nuevo.
Tú, quien me lee, si estás pasando por algún valle de sombra, tiéndete en la cama un rato, y practica ese ejercicio, ya verás que sales renovado y con inmensas ganas de saborear el fin de semana.



