- ¿Qué es el síndrome del emperador? Es un trastorno de la conducta que se caracteriza por el sentimiento de autoridad que tiene un niño sobre los demás. Es un trastorno que afecta a los niños y se denomina Trastorno de oposición desafiante (TOD).
Llamado del emperador, del niño tirano o del niño rey, es una crisis de conducta que se inicia en el hogar. Muchos de estos adolescentes que aterrorizan a padres y profesores, fueron criados en el capricho antes de los seis años. Por tanto, carecen de hábitos de autocontrol y autodisciplina.
El deber de los padres además de criar, es educar. Ambas cosas se complementan, pero mientras la crianza es cuidar, alimentar y proteger hasta que puedan valerse por ellos mismos, educar no solo es pensar en la parte intelectual, también en la buena educación, en el respeto y en la parte afectiva y moral, de acuerdo a las pautas sociales y culturales establecidas, que permitan una buena convivencia.
Cuando los caprichos de los niños NO son satisfechos, se provocan enojos extremos, terminando en agresiones verbales y físicas. Estos pequeños tiranos manejan a los padres y personas más próximas, a su antojo. Los padres aceptan resignados sus exigencias y terminan vacacionando, viendo los programas de televisión y comiendo lo que a ellos les apetece. Un tercio de pequeños dictadores, hoy en día son mujeres. Se está presentando con frecuencia, también en adultos.
Por desgracia, es la madre el foco de toda la ira y del despotismo de sus hijos, por permanecer en el hogar y no cumplir con sus exigencias. (Cualquier capricho). Un Problema grave e invivible, que desestabiliza a la familia, y un conflicto peligroso para las futuras parejas de ambos géneros.
No olvidemos, que estas personitas, no son dictadores de nacimiento y que nuestro deber es enseñarlos a ser empáticos, compasivos y sensibles. Educar con el ejemplo (neuronas espejo), es importante para no encontrarnos ante niños chillones, con rabietas exageradas, que utilizan la violencia para intimidar. Ahora, no porque tengan una rabieta o una mala contestación se debe a este tipo de trastorno o a una alteración psíquica. Por ello, debemos ponerlos cuanto antes, en manos expertas.

Hoy en día, se ha condenado a los padres y profesores que ejercen autoridad con sus hijos y alumnos. Están de moda los padres «liberales», que carentes de fortaleza para exigir, han dimitido como padres, y el permisivismo educativo. Se necesitan padres responsables con dedicación en la tarea de crear autodominio, obediencia y respeto en sus hijos desde edades muy tempranas. No, “hijos huérfanos de padres vivos” (Juan Pablo II).
Hay que utilizar el poder de la palabra para enseñar a un niño, en vez de la violencia. No es nada fácil, pero hay que poder utilizar la palabra. Mantener con ellos una conversación relajada, sería lo correcto. El “porque lo digo yo, que soy tu madre” es necesario a veces, para marcar las diferencias en la relación y hacerle entender que cada uno tiene un deber que cumplir en la familia, así como cada quien tiene su espacio donde dormir, relajarse, y estudiar.
A veces, se presentan casos cuyo origen está en una base genética. Son casos tan diferentes entre sí, que hay que estudiar otras causas y trastornos asociados. Deberían los padres ser ayudados por profesionales para identificar precozmente a estos chicos, antes de que sea demasiado tarde. Evitar resultados violentos tanto para la familia como para el joven, debería ser una tarea conjunta.



