Lo ocurrido el pasado sábado 31 de octubre, durante la inauguración de dos kilómetros del Malecón del Mar, entre el presidente Abelardo De la Espriella y el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, bien podría resumirse en una escena que retrata las paradojas de la política: de los enfrentamientos verbales a los abrazos públicos. Una demostración de cómo las diferencias que ayer parecían irreconciliables pueden quedar momentáneamente a un lado cuando cambian las circunstancias y los intereses políticos.
Las cámaras registraron el encuentro. Presidente y alcalde se fundieron en un efusivo abrazo, en una escena de evidente cercanía que contrastó con los duros enfrentamientos verbales que ambos protagonizaron años atrás.
Atrás parecía quedar aquel episodio de 2017, cuando Dumek Turbay se desempeñaba como gobernador de Bolívar, Juan Manuel Santos era presidente de Colombia y Abelardo De la Espriella comenzaba a ganar notoriedad por sus intervenciones y opiniones políticas.
Los tres coincidieron en Cartagena durante la XI Cumbre Mundial de Comunicación Política. En ese escenario, De la Espriella cuestionó duramente la gestión del presidente Santos y lo calificó de incoherente. Las críticas provocaron la reacción del entonces gobernador Turbay, quien salió públicamente en defensa del mandatario y pidió respeto por la investidura presidencial, al tiempo que calificó a De la Espriella de irrespetuoso.
La respuesta del abogado no se hizo esperar. En declaraciones publicadas por el periódico El Universal, De la Espriella cuestionó severamente al gobernador Turbay. Entre otros señalamientos, sostuvo que este era una persona que se acercaba al árbol que más sombra le ofrecía, sugiriendo que su comportamiento político respondía a la búsqueda de recursos nacionales para atender intereses particulares.
También cuestionó la imagen de buen administrador y político innovador que, a su juicio, proyectaba Turbay, y terminó calificándolo de populista, presuntamente obnubilado por las canonjías y beneficios del poder. Esas fueron las duras expresiones que marcaron aquel enfrentamiento público, sin embargo, nueve años después, el panorama fue muy distinto.
Este sábado 31 de octubre, durante la inauguración de los dos primeros kilómetros del Malecón del Mar, el abrazo entre De la Espriella y Turbay pareció dejar atrás aquella confrontación. Pero hubo otro elemento que llamó particularmente la atención: los anuncios relacionados con la financiación de nuevas etapas del proyecto.
Según lo anunciado durante el encuentro, De la Espriella manifestó su disposición de respaldar financieramente no solamente el tramo comprendido entre Las Tenazas y Boquetillo, cuyo costo se estima en 87.000 millones de pesos, sino también el correspondiente a La Marina-Bocagrande, con una inversión estimada en otros 87.000 millones de pesos.
Es decir, dos tramos que representarían una inversión proyectada de aproximadamente 174.000 millones de pesos, siempre a la espera de que los anuncios se traduzcan en los correspondientes compromisos y recursos efectivos.
El anuncio de este segundo tramo habría tomado por sorpresa al alcalde, quien esperaba gestionar el respaldo para el primero. Y allí surge una pregunta inevitable: ¿qué pasó con aquellas diferencias tan profundas que en 2017 llevaron a estos dos dirigentes a enfrentarse públicamente?
Bueno, así es la política. Los adversarios de ayer pueden convertirse en los aliados de hoy, los reproches pueden dar paso a los abrazos y las palabras más duras pueden quedar relegadas cuando aparecen nuevos escenarios de entendimiento.
Allá quienes todavía creen que las relaciones entre los políticos siempre están determinadas por principios inamovibles y no por las circunstancias del momento. La memoria ciudadana, sin embargo, no debería ser tan corta como para olvidar lo que unos y otros dijeron cuando estaban en orillas distintas y hay un episodio adicional que merece atención.
Dumek Turbay, quien en 2017 había salido públicamente a exigir respeto para el entonces presidente Juan Manuel Santos frente a las críticas de De la Espriella, ahora, durante el acto del 31 de octubre, hizo una referencia al gobierno de su antecesor, Gustavo Petro, que también merece ser examinada.
Al referirse a la presencia presidencial en Cartagena antes de la llegada de De la Espriella, Turbay habría afirmado que el único presidente que había tenido la ciudad era «el presidente de la champeta», en alusión al artista Mister Black.
Si la expresión corresponde a lo registrado durante el acto, resulta inevitable advertir el contraste: quien hace nueve años reclamaba respeto por la figura presidencial, hoy utiliza una referencia que puede interpretarse como una descalificación hacia el mandatario que lo antecedió. ¿Dónde quedaron entonces aquellos principios de respeto institucional que defendía el gobernador Turbay en 2017?
La política tiene memoria, aunque algunos de sus protagonistas parezcan apostar por el olvido. Y las cámaras, los registros periodísticos y las declaraciones públicas están ahí para recordarnos que los abrazos de hoy no borran las palabras de ayer. ¡Qué paradojas tiene la política!



